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Transferencia: hecho nuevo y/o repetición, producción vincular y/o individual **

Isidoro Berenstein*

Recibido el 7 de abril de 2000

1. Presentación. La transferencia es un tema clásico al día de hoy y no obstante pleno de cuestiones a dilucidar. Concepto intermedio entre la metapsicología y la clínica, "comparable a la capa de crecimiento celular situada entre la corteza y la pulpa del árbol, de la que surgen la nueva formación de tejidos y el espesamiento del tronco" (Freud, 1916, Pág. 404), permite plantear varias de nuestras concepciones en psicoanálisis y poner sobre el tapete algunas diferencias que siendo bastante fundamentales pueden pasar desapercibidas.

La transferencia fue vista inicialmente como reedición facsimilar en el epílogo del caso Dora (Freud, 1905), como reedición mejorada y aún revisada 'o' como una creación dependiente de la situación analítica, así propuesto por el mismo Freud. De esta manera queda planteada una contradicción: ser 'dependiente de la situación analítica', por lo tanto actual y nueva y ser una reedición de algo anterior y pasado. Se puede sustituir 'o' por 'y' pero ello en si mismo no despeja el problema.

Hay en Freud una vacilación que no pudo resolver y fue transmitida a los psicoanalistas. Entiéndase: no una oscilación sino una vacilación donde lo nuevo de la creación freudiana, lo inconsciente, resulta quedando aprisionado en la ya producida experiencia sexual infantil. Es un hecho nuevo (del carácter de nuevo se ocupa bastante en la Conf. 27, pág. 392, 398) porque la sesión en si misma lo es pero el conflicto estaría entre los 'motivos viejos', los que impusieron la represión y la contrainvestidura. Los 'motivos nuevos' son los que 'decidirán el conflicto a favor nuestro'(398). Pero Freud dice también 'renovar el viejo conflicto', o que se 'revise el proceso tramitado entonces'. 'Viejo' caracteriza el momento de producción del conflicto, cuando el yo era débil, infantil. 'Nuevo' denomina al hoy cuando el yo se supone fuerte y experimentado y cuenta con la ayuda del médico.

El psicoanálisis es una teoría que ha desplegado enormemente el lugar de la representación, la rememoración, o sea aquello inscripto desde la experiencia infantil, que lleva luego al despliegue de lo ya inscripto: "Llamamos transferencia a este hecho nuevo que tan a regañadientes admitimos. Creemos que se trata de una transferencia de sentimientos sobre la persona del médico, pues no nos parece que la situación de la cura avale el nacimiento de estos últimos. Mas bien conjeturamos que toda esta proclividad del afecto viene de otra parte, estaba ya preparado en la enferma y con oportunidad del tratamiento analítico se transfirió sobre la persona del médico" (Freud, 1916, pág.402) "...sus sentimientos no provienen de la situación presente y no valen para la persona del médico, sino que repiten lo que a él le ocurrió una vez, con anterioridad (Freud, 1916" pág. 403, abajo)... "desplegarse los más cerrados abanicos de la vida anímica" (Freud, 1916, pág. 403)

En el pensamiento de Freud no habría inscripción de algo nuevo, que no haya estado antes y lo lleva a pensar casi naturalmente que la experiencia analítica permite elaborar o reelaborar (Freud 1914). El apres coup da sentido a lo inscripto en la experiencia de seducción infantil en Ema, como dice en el Proyecto parte 2, cuando su desarrollo puberal le otorga un cuerpo apropiado para ese sentido.

La relación analítica constituye un vínculo entre las dos personas que son el paciente y el analista (Berenstein, 1. y Puget, J. 1997), o como decimos en otra parte entre los dos polos de la relación terapéutica: el del paciente, sea individual, pareja o familia y el del terapeuta. Cuando en el análisis individual decimos que el segundo representa o contiene un objeto del mundo interno o del mundo infantil del primero estamos hablando implícitamente de un origen, una direccionalidad y una temporalidad. Como origen nos estamos refiriendo a marcar como comienzo exclusivo a la enorme variedad de experiencias infantiles o tempranas del paciente. Lo cual se relaciona con una cierta direccionalidad: la que va del paciente al analista, más específicamente la que va desde el interior del primero al interior del segundo. Se presupone como temporalidad la que va desde un 'antes', el de la experiencia infantil, a un 'ahora', el de la sesión expresado en modalidad de apres coup o de la regresión que plantea al 'ahora' como una reedición del 'antes'. Se ha pasado por alto que la sesión analítica puede considerarse como un 'antes' del 'antes', desde el punto de vista de la determinante de la regresión.

Siendo la transferencia una producción de la relación entre dos sujetos, el analista y el paciente, y diciendo que hablamos de la relación, no obstante hablamos en general de uno de ellos, del paciente, en tanto del otro, el analista, decimos lo que resuena de aquel, o sea permanece en la penumbra. Sale de ella a través de la repercusión de lo transferido y decimos que lo hace mediante otro proceso inconsciente, la contratransferencia, especie de transferencia- repuesta a la del paciente.

Permítasenos caracterizar la transferencia como una situación vincular siendo 'vínculo' una estructura donde se relacionan dos o más, pero aquí dos, sujetos de deseo que proponen uno al otro, dos trabajos a realizar simultánea y sucesivamente: a) uno donde se establece una serie de semejanzas y de diferencias entre presente y pasado, percepción y recuerdo, inscripción y significado inconsciente. Ello hace al despliegue de las experiencias infantiles del paciente y a su puesta en juego de las relaciones de objeto; b) otro trabajo es el que se dará entre ambos sujetos cuando se topen en el otro de la relación con una ajenidad imposible de remitir a alguna experiencia infantil, inaugurando ello un campo de novedad, que luego llamaré novedad radical. Se verá que a pesar del intento (en especial del analista con la colaboración de su paciente) no recubre el campo de la relación de objeto. Tenemos dos tipos de relación: a) relación de objeto y con el objeto y b) relación con el otro. Así considerada la transferencia nos pone sobre la situación de la cura y de la práctica analítica.

2. La pareja analítica. Algunos autores (Baranger W. y M., 1961/1962) hablaron del paciente y el analista en términos de 'pareja analítica', en el sentido de dos sujetos puestos a realizar una tarea común. Esta pareja analítica puede producir un hecho nuevo o puede reproducir algo anterior pero dicen que es restringidamente nuevo para esa situación. Lo nuevo puede ser entendido como producción de un vínculo y caracterizarlo como un bebé-análisis, que es el nuevo producto del vínculo, algo que nunca hubo antes en esa pareja. Pero para muchos analistas el hecho nuevo o lo nuevo es encontrar un lugar para el bebé del paciente, en ese caso ya creado y probablemente enfermo o dañado, el cual se desplegará en la relación analítica para ser tratado en mejores condiciones, ser reparado y reintroyectado en el paciente ya que a él corresponde. Parecería ser suficiente pero a mi criterio algo falta. Dicen los autores antes mencionados que

" la fantasía básica de una sesión no es el mero entendimiento de la fantasía del analizando por el analista, sino algo que se construye en una relación de pareja." (Baranger, W. y M., 1961/1962, Pág. 141). Dicen que el término 'fantasía inconsciente' definido en términos unipersonales es expresión de una fuente pulsional a realizarse con un objeto. No es abarcativo de "algo que se crea, dentro de la unidad que constituyen en el momento de la sesión, algo radicalmente distinto de lo que son separadamente cada uno de ellos" (Ibídem, Pág. 141). "Es realmente paradójico sacar de la situación bipersonal una reconstrucción teórica del caso en términos, por definición unipersonales, y pensar después regular la situación bipersonal en virtud de este esquema reducido y empobrecido." (Ibídem, Pág. 149).

Si lo decimos en términos, para nosotros, más actuales: la sesión, y aquí la relación sería un lugar donde es posible que el acontecimiento acontezca, pero la construcción teórica se opone a él. Modalidad de resistencia a lo vincular, que es decir resistencia a lo novedoso.

No obstante estos avances los Baranger recaen en lo mismo que Freud (Ibídem, Pág. 150): " Todos pensamos que la situación analítica es repetitiva. El uso, favorecido por la regla fundamental, de la identificación proyectiva de parte del analizando, le permite la reactualización de patrones de reacción que provienen de situaciones no superadas de su pasado, cristalizadas en forma de esquemas de vivencia y conducta estereotipados."

Parece que no es indistinto usar los términos 'construye' que como 'producción' de algo nuevo que implica no haber estado antes o 'despliegue' que involucra algo preformado en un momento previo.

3. La transferencia, hecho nuevo o/y repetición. La transferencia es un hecho nuevo, dice Freud ostensiblemente en 1916. Pero dice también que no lo es, pues es una actualización de viejos motivos, aquellos que impusieron la represión. Freud (1915) dice que el amor de transferencia de la paciente es impuesto por la situación analítica y no por las excelencias de su persona y luego se explaya sobre las raíces infantiles de ese amor, como de todo amor. Freud no dice que el amor ha sido impuesto por la situación infantil sino que éste ha aprovechado la circunstancia. ¿Pero quién lo impone desde la situación analítica? ¿El analista como un sujeto otro? ¿El sexo del analista que se relaciona con el amor de transferencia? ¿La situación terapéutica? ¿El encuadre? ¿La regresión del paciente? La imposición se relaciona con el poder de imprimir una marca de origen a los sujetos relacionados, por el hecho de pertenecer al vínculo y si éste es significativo, es decir si otorga significación, genera una nueva subjetividad. Y si impone nuevas marcas nunca podrá ser repetición de algo anterior. Los tres términos se intrincan: 'marca de origen', 'pertenencia al vínculo' y 'nueva subjetividad'.

La situación psicoanalítica propone una escena que nunca se dió antes. Aunque el amor de transferencia surge como algo nuevo entre los dos sujetos del análisis, cuando el analista trata de explicarlo dice que el paciente realiza el despliegue de un escenario fantasmático donde el analista es objeto de representación, de cierta reedición, reimpresión mejorada. Es curiosa esta concepción resistencial del amor como acción de uno solo, pero está en el marco de una persistente modalidad de pensamiento producida por la mentalidad burguesa cuya culminación es la manera de pensar el amor de la modernidad.

El amor de transferencia ha sido impuesto por la situación analítica, no solo por la situación infantil que se despliega en ella y dependerá de " las circunstancias personales de los dos participantes" . (Freud, 1916. Pág. 401)

El pensamiento psicoanalítico clásico acerca del amor quizá esté presente en el origen. Breuer no sabe como participó en el enamoramiento de Anna O. por lo que se alarmó lo suficiente como para interrumpir ese tratamiento. Freud no era hombre de asustarse y siguió elaborando la teoría psicoanalítica y especialmente esta novedad que fue la transferencia. Pero la vacilación se produce por no incluir como colabora el analista en la producción de ese hecho nuevo que aparece en la sesión, 'el incendio que irrumpe en la función teatral' (también tomado por Laplanche, 1992). Uno se olvida frecuentemente que un incendio requiere de sustancias inflamables y de una chispa o de un fósforo aunque una represión de la relación entre ambos podría decir que la causa está en uno de ellos y no en la particular combinación.

Hay un corrimiento en Freud (1915) ya que comienza hablando de amor de transferencia, de amor erótico y luego en el mismo trabajo habla de enamoramiento. Ello permite incluir las bases pulsionales como motor irreductible del enamoramiento. Al igual que en Introducción del Narcisismo donde el enamoramiento resulta de la proyección del ideal sobre el otro casi ausente.

La vacilación encuentra su base en la imprecisión del lugar del otro y siempre que éste sea visto exclusivamente a través de un objeto proyectado por el yo, su lugar será impreciso. Aunque el objeto sea el elemento más variable de la pulsión y un enamoramiento puede cesar y repetirse con otro objeto, uno no se enamora de cualquiera sino, como luego se verá, de alguien bien preciso. Además de que el otro se presta a serle ubicado, el objeto de amor o el objeto de la pulsión se halla en su fundamento el hecho de ser un encuentro nuevo. Nada parecido ocurrió antes.

Demasiada poca atención se le concedió a esta cualidad de hecho nuevo. ¿El otro, el analista tiene que ver o no con el amor de transferencia? Si es reedición infantil, de cual? ¿De una donde solo hay un yo marcado por la madre, inconsciente de las marcas que realiza, o de una madre que interviene como otro con sus propios deseos y pulsiones y acepta los suyos de parte del infans? ¿O quizá debamos postular una reedición infantil donde el propio yo tiene una marca o un registro correspondiente al otro y también al vínculo entre ambos.

La transferencia es vista al principio como un instrumento para dominar la compulsión de repetición del paciente. Dice Freud (1914) "...le abrimos la transferencia como una palestra donde tiene permitido desplegarse con una libertad casi total, y donde se le ordena que escenifique para nosotros todo pulsionar patógeno que permanezca escondido en la vida del analizado."

La idea de escenificar 'para' nosotros en tanto algo preformado, a repetirse, a recordar, marca una diferencia con lo que sería la idea de vivir el hecho 'con' nosotros, en cuyo caso sería otro hecho cuya singularidad es la novedad, considerar la neurosis de transferencia como una producción de la situación analítica. Al igual que el enamoramiento, impregna por lo general a ambos sujetos y se genera un clima en el cual ambos yoes no serán los mismos antes que después de producirse. Es la represión del vínculo lo que hará ver el enamoramiento como solo de uno dirigido al otro. También la repetición vista de esta manera, como de uno solo, deberá ser considerada como una emergencia de la relación entre los dos en tanto se incluya el vínculo 'entre'. Paciente y analista asisten a dos procesos: I) la representación del mundo interno del paciente donde la posibilidad de proyección se basa en una ausencia de la cual se hace cargo el analista; II) la presentación de una situación que no tuvo lugar antes, la relación de dos alteridades que se constituyen como sujetos cuando se instituye el vínculo. Son dos experiencias bien diferentes.

A los efectos de lo nuevo de la representación podemos pensar en las obras clásicas. Hemos visto Hamlet en distintas versiones en cine, la de Lawrence Oliver, la versión rusa, la nueva versión inglesa de Keneth Branagah, etc. Cada interpretación ofrecerá algún detalle que la anterior no tenía. Pero a pesar de las diferencias en todas aparecerá el espectro del padre, Ofelia morirá, y Hamlet vengará al padre. Sería irrisorio que cambiara el destino de esos personajes y produciría un escándalo en la sala que se modificara la trama de la historia. Dice Pirandello en Seis personajes en busca de autor que el personaje es indestructible, no así los actores que son variables. En el film El placer de estar contigo de J. J. Annaud, un hombre mayor, que había escrito sus memorias, contrata a una secretaria joven para pasarlas en limpio. En el proceso de transcripción lo van comentando entre ambos, a la vez que establecen un vínculo afectuoso - amoroso. Las memorias son reescritas, no quedan como antes, y lo son como obra de esa relación. Ésta introduce modificaciones en el texto del autor. En el primer caso lo nuevo es una interpretación de un texto inmutable, en el segundo lo nuevo es una modificación de un texto aportado por uno de ellos.

Hasta aquí dos maneras de pensar 'lo nuevo'. La fidelidad a lo anterior no puede ni debe alterarse. Sin embargo acepta algunas modificaciones. En una tercer manera 'lo nuevo' ha de generar un texto nunca producido antes. A esto podemos llamarlo "radicalmente nuevo". En lo referido a la producción de subjetividad la relación analítica puede ser productora de las tres calidades de 'lo nuevo'. Ciertamente que una resistencia puede emerger en el paciente y en el analista ante la amenaza de desestructuración de lo preexistente: las creencias del paciente, su estructuración subjetiva, la del analista, sus concepciones previas o las obtenidas de su experiencia con los otros pacientes, etc. Entonces aceptarán solo la primera o a lo más la segunda modalidad de novedad. La tercera esta fuertemente condicionada por la resistencia a lo vincular.

Aquella vacilación freudiana puede también verse en el texto arriba citado de Baranger (1961/62) quien señala algo avanzado para su tiempo y es considerar la sesión analítica como una producción de pareja, así dice: " Es un presente como situación nueva, como relación con una persona que adopta una actitud escencialmente distinta a la de los objetos de la historia del analizando, pero al mismo tiempo pasada ya que está administrada para permitir al analizando la libre repetición de todas las situaciones conflictuales de su historia"

Como se ve un avance hacia la relación y un retorno hacia el analizando. O como reiteraron más adelante: " El campo de la situación analítica es la oportunidad mediante la repetición en un contexto nuevo de las situaciones originales que motivaron el clivaje, de romper el proceso defensivo y reintegrar los sectores clivados de la experiencia al conjunto de la vida del analizando"...."Si la situación analítica es radicalmente nueva y distinta de los demás campos de pareja..." (Pág. 153)

Esta vacilación entre 'radicalmente nueva' y 'repetición en un contexto nuevo' recorre todo el campo del psicoanálisis sin poder resolverse así como ocurre entre el punto de vista solipsista que apoyaría la segunda formulación y el punto de vista intersubjetivo, base de la primera. Y es aquí donde el psicoanálisis de los vínculos tiene la oportunidad de tener una palabra realmente distinta para resolver esa ya clásica y tradicional vacilación.

A mi criterio es sumamente ventajoso dialogar con autores que teniendo similares preocupaciones y ofreciendo críticas parecidas lo hacen tan detallada y concienzudamente que es posible marcar las diferencias y hasta intuir porque diferimos. Uno de estos autores es Laplanche. En (1992. 1) describe minuciosamente lo que llama el extravío, la falsa vía (***) adoptada por Freud frente a su propio descubrimiento, el inconsciente y la seducción, esto es lo sexual, que lo pone sobre la huella del niño y ese otro que es el adulto en su extranjería (***) (p.22 -Términos textuales de Laplanche en su traducción al castellano)

"Así el movimiento mismo del psicoanálisis consistiría en negar la ajenidad del inconsciente, proponiendo su reducción, a la vez en la teoría y en la práctica de la cura". (Laplanche, 1992, pág. 24). "Sería interminable mostrar que la domesticación del inconsciente no cesa de producirse en el pensamiento freudiano, y esto a propósito de cada uno de los aspectos de ajenidad que distinguimos antes ". (Ibidem, pág. 25)

No quisiera abundar en las citas, que pueden ser muchas. Pero no dejaré de señalar como se reintroduce en la misma original formulación de Laplanche el mismo problema "Pero hay que ir mas lejos, hacia algo difícil de pensar, tan difícil de pensar como la prioridad del otro en la constitución del sujeto sexual". (Ibidem, pág. 182)

En el marco de una crítica a la noción de neutralidad del analista y a la concepción solipsista que está en su base, al uso excesivo de la proyección en la relación con el paciente que remite todo o casi al interior del mismo, allí dice: "Es la conservación de la dimensión de la alteridad interior lo que permite la instauración de la alteridad en la transferencia". (Ibídem, pág. 183)

Remite a una situación originaria que Laplanche recupera para el psicoanálisis en su teoría de la seducción generalizada que reabre en la transferencia la situación originaria por la cual un adulto ofrece un enigma a un niño, el otro es primero con relación al sujeto (181). Es consonante en él con la idea de que: "La alteridad externa reenvía a la alteridad interna". (Ibídem, pág. 174)

Finalmente lo original de su formulación es mandada nuevamente al interior del sujeto y es allí donde habríamos de buscarla. Laplanche enuncia cuatro insatisfacciones (175) relacionadas a la transferencia cuya dimensión fundamental en contacto con el enigma del otro es situado fuera de la cura para enunciarlo en relación con la cultura:

1. Lo central es la cura y lo que se transporta fuera de ella, lo que llamamos "extramuros", una aplicación.

2. La relación del psicoanálisis con la cultura de donde ha obtenido una de sus dimensiones más fecundas y sin embargo aparecen como aplicación.

3. La relación entre lo más específico de la cura y lo que se produce en lugares privilegiados, con independencia de ella.

4. Lo que la transferencia tiene de traslación entre dos puntos en el tiempo.

Como dije anteriormente esa vacilación acompaña el concepto de transferencia en la obra de Freud y nos acompaña aun hoy. Pienso que el tránsito en este camino un poco sin salida puede deberse a varios obstáculos, tres de los cuales pueden ser: I) el psicoanálisis como método comprende para la mayor parte de los psicoanalistas solo la sesión bipersonal y los otros encuadres son desestimados y considerados fuera de la cura, en tanto se considere ésta como la desplegada con el paciente individual ; II) es considerada experiencia originaria la relación siempre asimétrica entre la madre (o un adulto), ya constituido su inconsciente y el niño en vías de hacerlo. Es desechada o no pudo ser pensada la producción de inconsciente entre dos sujetos adultos ligados en una experiencia significativa nueva, por lo tanto originaria; III) el inconsciente tiene por lo tanto un solo momento originario y debería ser remitir a él.

A esta concepción podemos oponer otra: cada encuentro significativo constituye un momento originario, instituye marcas que devienen en un inconsciente y el fundamento que subyace a la relación entre dos adultos o un adulto y un niño es que lo ajeno del sujeto instituye esas marcas en el otro. Lo radicalmente nuevo es posible con el otro, no solo desde el otro y desde lo ajeno del otro sino desde la relación - vínculo con ese otro. Y un lugar privilegiado donde abrir esta dimensión para la cura es la transferencia psicoanalítica.

4. Acerca del origen. Otra vacilación es si la situación analítica tiene carácter de origen, si todo origen remite a la situación infantil o ésta es uno de los orígenes de la constitución subjetiva. En el sentido freudiano, origen refiere a la constitución de una marca donde antes no la había y a partir de la cual se la reconoce en las situaciones derivadas que le siguen. ¿Porque siempre y necesariamente remitirían a un origen común, las experiencias infantiles? El modelo biológico del nacimiento del infante se constituyó en la manera de pensar el origen de lo inconsciente desde el origen del psicoanálisis. Herencia que nos legó el padre del psicoanálisis. Como la marca en el orillo que permite reconocer los trozos de una tela como de esa y no de otra marca. De esta manera el paciente viene transportando y transfiriendo las marcas originarias de constitución de lo inconsciente en el marco de lo que luego llamaremos el Edipo infantil o temprano. Es inherente a los efectos de esas marcas la capacidad de transferencia a cada persona relevante que encuentra en su camino, la maestra, un compañero adolescente, un amigo, su analista. No dejaré de subrayar la especificidad de la transferencia con el analista. Repetiré que demasiada poca atención se prestó a lo originario de cada encuentro en la institución de subjetividad.

La situación analítica genera una nueva situación que instituye marcas. Las anteriores, las del pasado, aquellas con las que vienen tanto el paciente como el analista, susceptibles de transferencia, entran en relación con las nuevas marcas pero estas las exceden e imponen un nuevo orden en el cual no habrá lugar para la pura repetición. Ello obliga al analista en lo técnico a ser muy cuidadoso con la supuesta semejanza de las representaciones pasadas y actuales y a observar y examinar cada situación psíquica. La similitud frecuentemente opera al servicio de la defensa que prefiere depender de un solo origen y no de varios. La situación analítica propone nuevos lugares que instituyen a su vez subjetividad. Volviendo a Freud (1912) veremos que caracteriza el lugar de la paciente como de enamoramiento y para el analista el lugar de cumplir con varios requerimientos éticos, como no deber aprovecharse de la situación, etc. Si se entendiera que la transferencia constituye un vínculo, un conjunto producido por dos sujetos con una fuerte marca de ajenidad y cuya subjetividad es instituida desde la relación, debería señalarse que la situación analítica genera una paciente seducida y enamorada y un médico que puede no saber que es seductor y atractivo para esa situación y no otra. Es en ese sentido que no depende de una persona sino de la situación. Aquí hay lugar para la proposición de Bateson: 'la relación es primero' con lo cual señala que la relación determina lo que se da entre los sujetos relacionados.

De esta manera la transferencia de amor es tanto 'no real', al decir de Freud, porque remite a los orígenes inconscientes o infantiles de la paciente como es enérgicamente "real porque su origen remite y es impuesto por la situación analítica, es propio de esta relación". Pero esta relación puede despertar varias resistencias, las cinco descriptas por Freud: la del inconsciente o del ello ligada a la compulsión de repetición, la del superyo bajo la forma de culpa inconsciente y necesidad de castigo; las tres correspondientes al yo: la represión, la resistencia de transferencia y el beneficio secundario. Deseo incluir otro tipo de resistencia: al vínculo con otro, más específicamente a lo ajeno del otro, aquello que excede absolutamente la proyección del objeto. Si lo intersubjetivo tiene algún sentido como producción de sujeto y marca un origen puede haber una seria y maciza resistencia a lo que es vincular porque su consistencia hace depender la subjetividad de la relación con el otro y tanto su pérdida como instituir un nuevo vínculo despierta en el sujeto la ansiedad a dejar de ser, a desestructurarse, a perder la fuente actual de su propia subjetividad y perder un origen. La amenaza es que algo que se daba no ha de darse más. Si, algo distinto pero nunca más el vínculo anterior y perdido. Tampoco ha de ser el sujeto que era, nunca más. Si, otro pero nunca el anterior.

Estaríamos hablando a propósito de transferencia de dos modos de concebir las relaciones con los otros y a su vez ello presupone una distinta manera de pensar la noción de 'origen'. Uno de esos modos diría que el amor es un movimiento de base pulsional basado en cierta estructura de repetición y de malestar, con necesidad de un escenario para desplegarse y con la posibilidad de lograr mayor representabilidad, no posible de satisfacer y que impulsa una búsqueda permanente. Está basado en el principio de displacer - placer. Es el amor de base infantil. Otro modo de concebirlo sería el que establece que cada yo se forma en relación con el otro con quien constituye una nueva experiencia que si es significativa instituye una novedad radical, esto es que no tuvo lugar antes. Estaríamos planteando que la relación de alteridad es motor del amor y también de transferencia. Si fuera amor es lo que Freud en sus términos llama 'amor genuino', por contraposición con el amor infantil, el que no tiene en cuenta al otro.

5. El lugar del otro en la relación transferencial. Como queda dicho, en la sesión analítica se producen marcas que instituyen un origen. Algo ocurre por primera vez en la relación entre el paciente y el analista. También se re-producen las experiencias anteriores fundantes. Éstas a su vez pueden ser de dos tipos: I) la constitución del aparato psíquico y sus marcas iniciales cuyos efectos pueden reproducirse en el análisis, y II) la constitución de un aparato vincular que se origina y permite la relación con los otros. El primero tiene que ver con una experiencia y el requerimiento de una ausencia, sus inscripciones van por el camino de la simbolización y llevan a la constitución del objeto inahallable en la realidad, por lo tanto permanentemente buscado y superpuesto pero nunca coincidente con objetos externos presentes. Freud (1927) dice que la escritura es la marca de la ausencia. Coincido con él, es como escribir una carta (Berenstein, 1996), requiere inexorablemente de un ausente a quien va dirigida. Es la extensión de un diálogo estrictamente interno, con un tiempo y un espacio creado por el yo. Una parte de la sesión transcurre en un hablar que es como escribir una carta a un ausente que está puesto en el analista. El paciente dice: 'Había pensado en el fin de semana....' (antes de esta sesión y solo, es decir con el analista como objeto ausente) o 'Pensé después de la sesión anterior...'(cuando usted no estaba) o 'Ayer tuve un sueño y lo voy a contar...'.

El segundo, el aparato vincular, se abre cada vez en la experiencia y el requerimiento de la presencia, obliga a hablar y está en función de la otredad del sujeto. El hablar en la sesión se acerca a la asociación libre cuanto el yo reconoce en si mismo un ajeno posible de tener lapsus, sueños y otras producciones inconscientes, y cuando acepta que el analista es un otro ajeno que obedece al requerimiento de presencia. Aquí planteo una diferencia substancial con Laplanche (1992. Capítulo 8). La alteridad del inconsciente se aloja en el yo, en él se origina a través de la peculiar construcción que hará con los significantes enigmáticos provenientes del otro, la madre, el adulto que asimétricamente se relaciona con el bebé. La alteridad del otro propone al sujeto una paradoja: no tiene lugar para él y permanentemente deberá hacerle un lugar, constituyendo el lugar del no lugar. La presencia de la ajenidad del otro hace pulsionar el deseo, lo cual aleja al otro y acerca al objeto ausente que se sobreimprime al otro presente. Un juego de palabras que no debería llevarnos a un equívoco es hablar aquí de la presencia de una ausencia, que no es lo mismo que la presencia de una presencia. Pero la presencia del otro constituye una posibilidad de placer y de dolor y debería ser considerada como instituyente de marcas inevitables en toda relación entre dos o más. Ellas resultan de la imposición y este es un mecanismo determinado por la pertenencia a un vínculo, analítico en este caso. Creo que la prescripción de Freud a los analistas enfatizando el punto de vista ético de no aprovecharse de la situación amorosa de su paciente, tendría una base metapsicológica en el mecanismo de imposición. Una cosa es la imposición de una marca en una relación y otra el dominio y control del otro en base a una posición de privilegio dado por la seducción del paciente y el narcisismo del analista, tan presente y tan esquivo por otra parte. La resistencia de transferencia lo es también al surgimiento de lo nuevo. Hemos de considerar que la transferencia es fuente de despliegue de lo infantil y también de producción de nuevas inscripciones. El analista puede obstruirlas estas últimas si interpreta la transferencia solo en el primer sentido. En ésta enfatiza lo infantil, donde el otro es elegido como soporte de la proyección de un objeto temprano. Pero esta suerte de regresión está creada por el marco de la situación analítica, o sea por el hecho nuevo. Hay una pérdida de límites entre el objeto de la fantasía y el otro de la realidad que en la sesión es el analista y es ese otro quien desencadena la disposición a ubicar el objeto infantil. Y sin embargo el otro ofrece un sector no superponible o como dije antes que lo excede. Es la ajenidad del analista que estimula o promueve el desencadenamiento de la regresión o del despliegue del amor infantil con lo cual espera anular esa ajenidad. La posibilidad de darle un lugar haría de la transferencia un instrumento para construir la intersubjetividad entendida como relación entre dos sujetos cuya ajenidad daría sentido al origen de un vínculo, al poder del vínculo y produce una situación inaugural, establece marcas que no tenían registro previo. Este es un nuevo camino que produce nueva subjetividad.

Bibliografía

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Berenstein, I (1996) Lo inconsciente del vínculo. Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Buenos Aires. 22 de mayo de 1996.

Berenstein, I. y Puget, J. (1997) Lo vincular. Editorial Paidos. Buenos Aires. 1997.

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------- (1914) Recordar, repetir y reelaborar. O.C. XII.

------ (1915 [1914]) Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, III).O.C. XII.

------- (1916) Conferencias de introducción al Psicoanálisis (Parte III). Conferencia 27. La transferencia. O. C. XVI.

------- (1927) El malestar en la cultura. O. C. XXI.B

Laplanche J. (1992) 1. La revolución copernicana inacabada.

6. El tiempo y el otro.

8. De la transferencia: su provocación por el analista. En Laplanche J. La priorídad del otro en psicoanálisis. Amorrortu editores. Buenos Aires. 1996

-*Este trabajo es un desarrollo del que fue presentado en la 1° Conferencia Interregional. Asociación Psicoanalítica Internacional. Viena. 6 de Noviembre de 1998.

* Psicoanalista. Miembro Titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Director del Departamento de Familia de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo - Mary Sigourney Award 1993 por destacadas contribuciones al Psicoanálisis - Autot de numerosos libros: "Familia y Enfermedad Mental" "Lo vincular   (en col. con la Dra. Janine Puget)" "

    El sujeto y el otro. De la ausencia a la presencia" entre otros. Email: iberens@fibertel.com.ar

    **Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires - Ateneo Científico del 11 de Mayo de 1999

     

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