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  ¿SUJETOS DEL VÍNCULO O BLINDADOS EN LA MISMIDAD?*

Recibido el 10 de abril de mayo de 2008

 

Lucrecia Calderwood, Elena Furer, Cristina Giannella, Cristina Saviotti y Ombretta Velati, Héctor Krakov**

 

Introducción

 

Este trabajo es producto del interés que nos suscitara, como miembros del Taller de investigación , la presentación teórico-clínica de uno de nuestros colegas de la AAPPG sobre el  tema “Locura vincular”.
Lo que llamó nuestra atención fue el relato que hacía el analista de un intercambio fuertemente denigratorio y agresivo entre los miembros de la pareja que, curiosamente, no ocurría durante las sesiones.
En las mismas, cada miembro de la pareja “denunciaba” el haber sido insultado o agraviado por el otro, sin que esto fuera desdicho o convalidado por ninguno de los dos. Los altercados fueron aumentando en intensidad y frecuencia durante el transcurso del
tratamiento, lo que llevó al analista a considerar que se trataba de un progresivo deterioro vincular que dificultaba el abordaje clínico.


Tomando estos puntos como referentes, hicimos una lectura grupal detallada del material clínico, lo que nos llevó a plantearnos líneas alternativas de comprensión que queremos compartir con ustedes.

 

Algunos comentarios iniciales.

 

Una primera diferenciación que realizamos fue entre ocupar los lugares esposo-esposa, de la institución matrimonial, y configurar un vínculo.
Si bien son lugares y posiciones que pueden coincidir y superponerse, en la pareja en cuestión se nos hizo notorio que esto no era así.
Para nosotros vínculo implica necesariamente un trabajo con “la diferencia”, que no excluye un posible intercambio agresivo entre los miembros. Dejamos así planteado que no adherimos a una versión edulcorada o idealizada del vínculo. De allí que compartimos la idea que el resultado “del trabajo” puede ser positivo, en la línea de lo creativo y subjetivante, como también de un mayor deterioro, cuyo resultado puede devenir en una pérdida de la complejidad  vincular y de la subjetividad de sus integrantes.  

 
Un segundo aspecto que discutimos fue las diferencias existentes entre transformación, marca y efecto.


Partimos de la idea que el trabajo vincular supone la incidencia del otro en la mismidad del sujeto. Es en ese sentido que para nosotros todo vínculo implica transformación de la subjetividad. De ese modo instituye a los miembros de la pareja como sujetos de ese
vínculo en particular,  y les otorga marca de pertenencia.
Efecto refiere, a nuestro entender, al impacto de “lo otro” en la subjetividad, que podrá o no devenir en transformación. Cuando la transformación no ocurre, es posible que el efecto sea  de rechazo a lo otro, en línea con la resistencia a lo vincular.
Pensado el efecto de este modo, se abriría un amplio espacio teórico para dar cuenta de lo que se da en llamar “fenómenos anti-vínculo”.

 

Sobre el material clínico

 

El terapeuta realiza una presentación inicial del material con la descripción de los miembros de la pareja en la quedan ubicados en polos antagónicos. Él provenía de una familia aristocrática y ella era de origen humilde, si bien su apariencia correspondía al mundo del marido. Vivían en un barrio privado, por elección de él, aunque  para ella “ese era un lugar odiado”.

 

En la entrevista, frente a cualquier comentario de su mujer la respuesta de él era “no es así, no es así”. Mientras que ella, si el terapeuta la interrogaba sobre temas conflictivos, cambiaba hábilmente el sentido de sus respuestas o decía “de eso no voy a hablar”.
Las hijas que en el momento de la consulta tenían cinco años, habían nacido por fertilización asistida. Ella dijo en la entrevista inicial: “son mis hijas, y solo mías, porque yo las tuve sin él...vos sólo pusiste el esperma y la plata”.

 

Aparentemente, la fertilización debió realizarse porque la pareja no tenía relaciones sexuales desde hacía mucho tiempo, sin que pudieran recordar desde cuando. Como dato relevante, después del nacimiento de las mellizas ella no volvió a la habitación matrimonial; tiró un colchón en el piso en una habitación vacía de la casa, cercana a la pieza de las hijas.
Acerca del intercambio agresivo y descalificador, las frases que  utilizaban eran: “Yo te saqué del villorio del Camino negro”.  “Callate epiléptico de mierda, impotente, a lo mejor sos medio puto y por eso no me cogés”. “Vos sos incogible, desagradecida, así
me pagás”.


El material señala dos momentos en que la situación matrimonial hizo crisis y la separación parecía inminente. En el primero ella  denuncia ante el pediatra de las hijas situaciones de abuso sexual del marido, si bien luego retira la denuncia.

 

El segundo fue consecuencia de haberse hecha público que ella mantenía una relación extramatrimonial, lo cual tenía un cierto carácter de comidilla social.

Nos interesa pasar ahora a las reacciones y ocurrencias que tuvo el analista frente a este material.
Inicialmente su impresión era que los comenzaba a ver sin saber muy bien para qué. Un poco más adelante, ya confrontado con las reiteradas amenazas y reproches mutuos de la pareja, tuvo la  sensación permanente de que el espacio terapéutico era inútil.
Finalmente luego de cinco meses, en “una sesión tremenda”,  decidió poner fin al tratamiento porque, les  dijo, “el tratamiento estaba impotentizado como la pareja”. Agregó que tenían que tomar una decisión que “inexorablemente pasaba por una
separación, aunque fuera transitoria, para ver recién después si podían o no seguir juntos”.
Tres meses después, él decidió consultarlo solo. La situación matrimonial había empeorado. Le narra al analista que la decisión unilateral de interrumpir el tratamiento le produjo inicialmente mucho enojo, pero que luego le hizo pensar que él también podía  separarse sin el acuerdo de su mujer.  A partir de ese recontacto, el analista comenzó a ver al paciente en sesiones individuales y el trabajo estuvo centrado en ayudarlo a llevar adelante un proceso de separación matrimonial, no beligerante, que resultó exitoso.

 

Nuestras impresiones acerca del material

 

Iniciamos nuestras reflexiones tomando como punto de partida el momento final de este tratamiento.
Nos pareció que un punto de inflexión ocurrió cuando el analista tomó la decisión de dar por terminada la terapia de pareja. No sólo por la función de “corte” que supone una decisión de tal estilo, sino porque pensamos que la intervención estuvo fundada en la
comprensión que el dispositivo había perdido utilidad. En sus propias palabras: “no veía que nada de lo que ocurría en ese dispositivo generaba ninguna transformación”.
Consideramos que el sentimiento de impotencia e inutilidad registrado por el analista era correlativo con la imposibilidad que los pacientes tenían para vincularse. Coincidimos con el criterio del analista que el dispositivo no generaba transformación.

Para nosotros, en la pareja en cuestión el vínculo “no era posible”.
Queremos ser más explícitos. No nos estamos refiriendo a la  noción de “imposibilidad vincular”, desde la perspectiva que  sostiene que “la relación con el otro es imposible” o que “la  relación sexual no existe” por condición de estructura.
Nuestra posición al respecto es que el vínculo es posible,  subsidiario de un difícil trabajo de construcción y deconstrucción  permanente, que requiere de la mutua disponibilidad al intercambio e interpenetración.

Postulamos que no todo intercambio entre sujetos implica necesariamente producción vincular. Cierto tipo de intercambios, como los que la pareja en cuestión ponían en acto, se evidenciaban como estrategias inconscientes al servicio de reforzar el blindaje de la mismidad y por lo tanto el afincamiento en la propia posición sujeto, evitando que “el vínculo produzca una nueva subjetividad”.
Llamamos blindaje de la mismidad, como metáfora, al carácter de impenetrabilidad que todo sujeto puede generar en su espacio vincular.
Tal espacio es a nuestro entender el “lugar” en el que se mantiene, en calidad de red, el registro psíquico con efecto subjetivo de los intercambios con otros significativos.
Es desde tal lugar que obtenemos inicialmente la “posición sujeto” para la interacción con los otros, redes a las que también estamos sujetados. Todo nuevo vínculo implicará una “dolorosa mudanza” de las posiciones subjetivas previas, ya establecidas, para que una otra advenga.
Desde esta perspectiva, entendemos que la agresión que desplegaba la pareja era efecto del rechazo mutuo que promovía el “blindaje” de ambos. Los “misiles verbales” eran, posiblemente, un intento violento de “perforar el blindaje del otro”, que terminaba teniendo como efecto una mayor cerrazón y rechazo recíproco.
Los miembros de la pareja, a nuestro parecer, estaban instalados en la institución matrimonial sin disposición a que la producción vincular ocurra, como resultado del trabajo sobre las diferencias.  Había sujetos, pero de vínculos previos; no podían ser dos otros en intercambio.

 

A modo de conclusión


La línea terapéutica que delineó el analista nos parece que es acorde a nuestras ideas:
interrumpió el dispositivo de pareja porque consideró que al no producir transformación terminaba siendo improductivo, y ayudó al paciente a separarse de su esposa, es decir a disolver la institución matrimonial en la que sólo estaban ubicados.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Berenstein, I.  Devenir otro con otro (s). Ajenidad, presencia, interferencia. Editorial Paidós. Bs. As. 2004.

Czernikowski, E y Gomel, S. “Locura vincular” en Psicoanálisis de pareja. Janine Puget compiladora.
Editorial Paidós . 1997.

Krakov, H.    “Espacio vincular y sujeto del vínculo”. Novena Jornada Anual de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Bs As. Actas. 1993.
 El mundo vincular y la clínica psicoanalítica. Capítulo del libro La pareja y sus anudamientos. Erotismo-pasión-poder-trauma. Janine Puget compiladora. Bs As. Lugar Editorial. 2001.

Puget, J.  ¿Qué es material clínico para el psicoanalista?. Los espacios psíquicos. Revista Psicoanálisis, vol X, nº3 (1987), 1988
Formación psicoanalítica de grupo. Un espacio psíquico o tres espacios ¿son  superpuestos?. Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo, XII, nº1 en 1988.

Waisbrot, D. “Locura vincular”. Trabajo presentado en el Grupo de los lunes. Agosto del 2006.
  
ABSTRACT

 

¿SUJETOS DEL VÍNCULO O BLINDADOS EN LA MISMIDAD?
Lucrecia Calderwood, Elena Furer, Cristina Giannella, Héctor Krakov,
Cristina Saviotti y Ombretta Velati
 
En este trabajo los autores, miembros de un Taller de investigación sobre metapsicología vincular, se ocupan de reflexionar a propósito de una presentación teórico clínica referida al tema “Locura vincular”.
Centran sus ideas sobre tres ejes:

a) la diferencia entre ocupar el lugar esposa-esposo de la institución matrimonial y configurar un vínculo,

b) los bordes conceptuales entre transformación, marca y efecto, y

c) los llamados “fenomenos anti-vínculo”.


Partiendo de la idea de un aparato psíquico extendido, a propósito de la noción de tres espacios, proponen pensar la inscripción de vínculos con otros significativos. Sugieren que desde “ese lugar” psíquico estamos subjetivados y sujetados, como consecuencia de lo que fueron oportunamente vínculos instituyentes con otros.
Los autores piensan que la mismidad es efecto de tal ámbito, por lo cual la incidencia del otro, vía interpenetración, condicionaría una modificación subjetiva.
Piensan que en los sujetos podrá haber disponibilidad para una modificación o una radical negativa a un cambio posible de la mismidad.
En relación a esta última alternativa es que gestaron como metáfora la idea de “blindaje”.
A propósito de esta idea, y ya en relación con el material clínico, entienden que los “misiles verbales” que la pareja utilizaba en el intercambio, eran intentos violentos de perforar el blindaje del otro que terminaba teniendo como efecto una mayor cerrazón y rechazo recíproco.

 

*Trabajo presentado en la Asociación Argentina de Psicoterapia de grupos - 2005

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