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Configuraciones
Vinculares

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

PSICOANALISIS DE PAREJA”*

Janine Puget**

 

La autora recibió el premio Mary Sigourney Award 2012 por destacadas contribuciones al Psicoanálisis

Recibido el 12 de agosto de 2003

*Conferencia pronunciada por la Dra Janine Puget - Cámara de Comercio de Comodoro Rivadavia- Chubut – Argentina  - 11 de Septiembre de 1993 –

 

 

Este trabajo fue dividido en tres partes para facilitar su lectura:

Parte 2º / Parte 3º

 

   Parte 1º    

                                   

La expositora comienza con la noción de intercambio y de diálogo. Dice: 'la idea es irnos de esta jornada con algo más que cuando empezamos, tanto uds como yo; ya que gracias a sus preguntas siempre me surge una idea nueva, y a ustedes (espero) algun nuevo interés que no tenían antes de mi venida'.

La zona de encuentro se crea por la relación entre uno y  otro yo, con la espectativa de que traiga algo de curiosidad, de interés por conocer al otro; en función de poder intercambiar información, basada en la conciencia del desconocimiento de cada uno respecto de lo que es, o qué estado ese otro está atravesando en ese momento. Y asi poder desear averiguar como está, cómo es, qué siente, qué piensa; para poder estar en condiciones de recibir la información que le vuelve.

El análisis de esttos fenómenos lo llevaré adelante con la base teórica de las Configuraciones Vinculares.

En esta conceptualización es importante la cotidianeidad. Generalmente, las parejas parten del presupuesto que a partir del día que se conocen y se enamoran,  conocen todo el uno del otro. Esa confusión ocasionada por el estado de enamoramiento inicial, en que creen saber irrisoriamente todo lo que es uno para el otro y viceversa;  y a partir de eso, deciden que conocen todo lo que es el otro: ése es el primer malentendido que se establece.

Como consecuencia, se neutraliza la curiosidad por saber más uno del otro; como si el conocerse hubiera sido nada más que la marca fundante de lo que es la creación de la pareja matrimonial, y entonces cada encuentro les reservaría solamente la posibilidad de confirmarse que ya saben como es el otro. Es así por ejemplo, como en la vida diaria se encuentra una pareja, después de haber estado separados durante el día, y según la cara que traen, deciden que saben porqué tienen tal cara.

Ese saber porqué tienen tal cara tiene una implicancia teórica fuerte: es desconocer que el otro posee una zona no compartida, por más que ambos tengan como base ese estado de fusión, dado por el enamoramiento inicial y prolongado en la convivencia. Entonces esa zona no compartida que se podría compartir pero poniéndola al día, digamos hablándose y aceptando que es no compartida y que hay que hacer un trabajo psíquico para poderla compartir; esa zona quedaría anulada por el simple hecho que uno proyecta en el otro lo que cada uno imagina que el otro debe ser.

Digamos no importa qué cara, no importa qué signo se le pone o qué contenido: lo importante es partir del presupuesto que aquello no compartido, se rellena con algo compartido y conocido. Entonces ocurre la transformación  de lo no conocido en ya conocido: se trata de una de las alteraciones fuertes de la vida matrimonial.

Otro conflicto importante en la vida de las parejas y en la creación de la zona de encuentro, es el no poder soportar lo no compartible hoy y nunca de cada ser humano. Entonces estamos en el campo de lo que son las perturbaciones de la vida cotidiana en las parejas, que implica atribuir al otro un sentimiento conocido un '...Ya sé cómo te sentís...' un...'estás mal por tal cosa...' Se recubre con un sistema explicativo de autoreferencia  en el que uno se ubica como centro de la vida del otro. Tienden a ser mecanismos poderosos de denegación de lo no compartido y de lo no compartible (hoy ni nunca).

En la actualidad, la autora conceptualiza a estos fenómenos de pareja como resistencias a la vincularidad "Los intentos de  reproducir relatos textuales, el buscar permanecer igual a sí mismo en cualquier circunstancia son todos ellos, para la dimensión intersubjetiva, signos de resistencia a la vincularidad" (1a)

J. Puget -Estos son algunos ejemplos que quiero dar antes de trabajar  con el material clínico, como base teórica para ensanchar el modelo; aportar el dato  de la vida diaria, el que proviene de un comentario aparentemente trivial.

Respecto de lo que sucede en una sesión psicoanalítica; para lo que se llama comúnmente material se transforme en dato, es necesario tener una óptica desde la cual decidir qué es un dato que nos informa acerca de un funcionamiento vincular.

Para ello necesitamos de un cuerpo teórico, de hipótesis, de un marco referencial dentro del cual este pequeño comentario nos permite verificar nuestras hipótesis o por el contrario no verificarlas e intentar nuevas. A veces hay datos que no nos coinciden con las hipótesis que estamos manejando. A veces esa no coincidencia nos permite ser mínimamente creativos, o en algunos momentos importantes de la ciencia, a hacer como rupturas de paradigmas. Esas son las  modificaciones teóricas importantes que crean una nueva ciencia. Esto es importante  porque en una sesión psicoanalitica vista por analistas con distintos marcos referenciales no observaremos los mismos fragmentos de sesión y, lo que es material para uno, no será material para otro. No elegiremos esos mismos elementos porque tendremos distintos objetivos.

Cuando hoy veamos la viñeta, estaremos todo el tiempo pendientes de ver qué es material de todo lo que tenemos como material clínico; y a qué hipótesis teórica me refiero para dar un sentido a ese determinado acto. 

Otra razón por lo cual les menciono esto, es porque el psicoanálisis de pareja nació de fracasos de psicoanálisis individual, así como el psicoanálisis de familia nació también del fracaso del análisis de pacientes psicóticos en análisis individual.

El análisis de pareja nació del fracaso nuestro (analistas individuales) en analizar el conflicto matrimonial en análisis que se eternizaban, en el que el tema se repetía casi con el mismo tipo de anécdota y era como impenetrable la acción terapéutica dentro de ese encuadre; dentro de un marco terapéutico que no posibilitaba a la persona que planteaba su conflicto, a hacer una especie de despliegue emocional al cual llamaríamos transferir sobre el encuadre su conflicto, como para que sea accesible a la acción terapéutica e interpretativa.

Eran análisis que se eternizaban en torno a una conflictiva, que por momentos parecía  como un micro-delirio organizado desde el análisis individual. Gracias a eso, en un momento en que después de repetir fracasos empezamos a pensar que no se trataba de que el paciente era reacio, sino que no le proveíamos del marco adecuado para la dilucidación del conflicto, para el despliegue del componente vivencial necesario para que pueda ser abordado psicoanalíticamente. Entonces, se nos ocurrió crear un encuadre que posibilitara el análisis de las dos personas en juego, digamos dentro del conflicto y ver si aparecían datos nuevos.

Esto surgió también cuando nos encontramos contratransferencialmente muy tentados de señalar cuestiones inherentes a otra persona; y nos podemos seguir encontrando en análisis que tenemos actualmente o que tendrán uds. donde el conflicto matrimonial es el centro del análisis individual del paciente, y donde uds se encuentran tentados contratransferencialmente de interpretarle al ausente.

Pensar "si estuviera acá yo le diría que..." al que no está,  con una presunción del conocimiento que uno no sabe cómo es el otro  (puede imaginar, pero a veces puede llevarse sorpresas). Cuando el terapeuta repetidamente se encuentra pensando en: cómo será el otro, qué le diría uno, porqué no hace, porqué no deja de hacer algún tipo de acción sobre un otro ausente; aparecerá la sensación de impotencia del analista para movilizar el conflicto en el análisis individual. Junto con esta sensación, generalmente sobreviene el otro sentimiento vigente, que es el de tomar partido por el propio paciente y ponerse un poco en enemigo del que no está. Entonces, en base a estos elementos que son: impotencia del analista, tendencia a la actuación contratransferencial, sensación de esterilidad en el tratamiento y conceptualización de lo que dice el paciente como micro-delirio; sería conveniente  cuando un analista se encuentra con toda esta secuencia de pensamientos y de ideas; que piense que en realidad no está proveyendo a su paciente del encuadre adecuado para el despliegue de su problemática matrimonial.

Otro elemento: la queja, que no ataca al otro porque no está presente; pero sí inmoviliza al analista en  algún componente real, paraliza; en cambio el reproche produce un malestar en el otro. Hay una tendencia, todos tenemos una tendencia a sentirnos culpables de algo, porque en un cierto aspecto el sentirse culpable tiene un componente dinámico. Melanie Klein hizo desarrollos con la cuestión de la culpa; Freud hizo otros; todos tenemos resonancia con la cuestión de la culpa.
Yo tengo una concepción teórica acerca de la estructura de una configuración vincular; y propongo que el componente dinámico de dicha estructura lo proveen las paradojas que son condición necesaria de la misma. Algunas las he conceptualizado como paradojas fundantes.
Paradoja, empezando en lógica serían dos proposiciones contradictorias que no tienen solución; yo lo tomo a nivel paradojas que no se pueden resolver, y que diferencio de las paradojas semánticas.
Por ejemplo, una paradoja fundante dentro del Edipo es que para transformarse en esposo, el futuro marido tiene que aceptar que el padre de la futura esposa, le entregue su hija pero al mismo tiempo tiene que desear robarle esa hija a quien se la entrega.  Desear robarle... robarle la hija a quien se la entrega, parece una misión imposible puesto que se la da, eso anularía el hecho de robar. Sin embargo es necesaria esa doble situación de poder recibir un don, que es el padre ofreciendo a su hija al que va a ser el esposo y al mismo tiempo ser capaz de robarle la hija a quien en principio la retiene. Al mismo tiempo, la hija tiene que aceptar ser ofrendada porque de no ser ofrendada, sucumbiría para siempre al incesto, o sea a quedarse con el padre; y tiene  que poder renunciar bajo castigo (al incesto) y entregarse al que va a ser su esposo como obligada, por temor al incesto, pese a tener el deseo de abandonar a su padre.

No es tan complicado si lo piensan digamos, analizándolo. Esa doble situación de robar a quien me regala, se reedita en la vida diaria. Hay abundancia de mujeres acá, y cualquier mujer que tiene un bebé sabe por experiencia propia, que durante el embarazo o en el momento de tener el bebé le pide a su madre que le aconseje, que la haga madre, que la madre la haga madre a la hija. Al mismo tiempo la hija ya madre,  pelea a la madre diciéndole que sabe hacer mejor que ella. Eso es ineludible, todos hemos pasado por ahí. Lo hay con más virulencia o con menos, es más simpático o menos simpático; dependiendo por supuesto de la relación que se tuvo también con la madre; en fin, de un montón de circunstancias. Tampoco se puede ser madre sin que la propia madre lo haya posibilitado o haya expresado el deseo de que la hija sea madre. No se puede ser madre de su propio hijo, sin cortar con la propia madre y sin oponerse a lo que la madre le transmite de cómo serlo.  Esto sería para mí la paradoja fundante de una estructura dentro del Edipo, a nivel del Edipo.

Lo diferencio de las paradojas semánticas que son las que ha trabajado  la gente de Palo Alto, la gente de Bateson; y que son casi la base del estilo de los analistas que trabajan con una modalidad sistémica. Los sistémicos dan una buena utilización a la comprensión de la agudización de cierto tipo de paradoja, y asi facilitan la creación de nuevas conductas. Paradojas semánticas son las que se descubren en el lenguaje. Por ejemplo, en frases que las personas emplean; o en cierto tipo de conducta en el que se dice si y no simultáneamente. Muchas veces paralizando al otro, pero se pueden resolver: estos serían conflictos; yo diferencio conflicto de paradoja.

El conflicto tiene solución, la paradoja, no. No hay solución, no es que me quedo  con robar o me quedo con recibir el don: me tiene que pasar en una alternancia permanente a lo largo de toda mi vida, porque esto es un modelo. Es el mismo modelo que se transfiere de la estructura vincular en la vida diaria, y es el modelo que se pone especialmente en acción en determinados momentos vitales, por ejemplo: en el embarazo y el parto, cuando el chico va al colegio y en cualquier situación de la vida matrimonial.

La única posibilidad de solución que tiene la paradoja es la creación de una entidad de mayor simbolización, o sea el advenimiento de lo simbólico en aspectos de la pareja matrimonial. Es decir, que se pueda transformar el malestar dado por la existencia de la paradoja, en una entidad de mayor nivel de abstracción. Eso sería una solución, aunque  no anula los polos de la misma. Dentro de mi conceptualización, el acceso al nivel simbólico, es la entidad mayor.

Volviendo al relato previo, todo fracaso puede ser usado debidamente, y proveer nuevos encuadres o nuevas hipótesis que otorgan otras posibilidades al paciente; incluso se puede hacer una derivación a otro analista si uno considera que con ese paciente no va.

Esto que parece así de simple, tuvo y tiene a nivel teórico una consecuencia muy importante: en sí mismo es un cambio revolucionario en lo que respecta al análisis clásico, el que nos enseñó Freud desde sus inicios, dándole un status específico a la realidad interna y a la realidad externa. El psicoanálisis fue fundado (digamos gracias al invento de Freud) a partir de darse cuenta de que mucho de lo que hablaban los pacientes no les había sucedido en realidad, por ejemplo: la teoría de la seducción, la teoría del trauma. Entonces, empezó a pensar que hubo un incremento pulsional de algún tipo que dio lugar a la fuerza de un trauma, como una seducción real; y a partir de ahí creó el concepto de fantasía inconsciente, momento sumamente importante para el psicoanálisis.  Con este concepto trabajamos muchos años y seguimos trabajando, porque es uno de nuestros pilares.

Pero nos hizo olvidar y pasar por alto algunas situaciones de la realidad del otro, esa realidad donde se producen ciertos eventos y da cuenta de una marca específica, que no pasa por la fantasía de un solo yo. Entonces tenemos que devolverle al concepto de realidad el status que merece, sin bandearnos para un lado ni para el otro. Por lo tanto, con todo este cambio de encuadre y del nacimiento del psicoanálisis de pareja, nos dimos cuenta de que no todo encuadre posibilita las transferencias adecuadas. Hay personas que para un otro dado, tienen más capacidad de despertar transferencia que otras y esto también es válido para los analistas. Es difícil que haya alguien absolutamente incapaz de despertar ningún tipo de transferencia en otro. Pero hay personas con quienes es mas fácil transferir. Yo digo que son personas transferenciables o sea que tienen la capacidad por su modalidad, o por una amplitud de criterio, o por su característica real, de posibilitar la transferencia que otros no posibilitan. Asi como las personas, hay encuadres que posibilitan la transferencia sobre ellos.

Transferir implica un comienzo en psicoanálisis, si es que se lo puede interpretar. En nuestro caso, lo que se posibilita  es la transferencia sobre el encuadre de alguna escena dramática, con alguna cualidad fantasmática, que no puede ser transferida en otro encuadre. Es así como el psicoanálisis de pareja matrimonial adquiere vida propia, ya que  propicia transferencias vinculares, fenómeno que no puede ocurrir en el análisis individual. Aunque la relación con el analista posee un componente real vincular, no alcanza para transferir sobre él la situación del conflicto matrimonial.

Recordemos los conceptos mencionados hasta ahora: la relación entre datos y teorías; los cambios de paradigmas; la idea de fracasos o de cómo nació el análisis de parejas;  en consecuencia de todo eso la rehabilitación del concepto de realidad adecuado, en todo lo que estamos mencionando y que nos ha posibilitado descubrir la dinámica de los análisis de configuraciones vinculares, tomando en cuenta el tope que implica la realidad del otro a la regresión fantasmática.

Si estoy en un análisis individual hablando de mi marido o de mi esposa,  puedo adjudicarle lo que a mí se me ocurre porque hablo en ausencia de esa persona. Digo que: ... me dijo... que yo le contesté... que entonces me dijo... que yo le dije... y sigo así de largo. Esto es lícito en un análisis individual, o sea que es lo que corresponde hacer alli: darse el gusto de desplegar una relación objetal con un otro ausente y permitirle al analista que conozca el sentido de las pulsiones, de las fantasías, de las deformaciones, sin que nadie le diga 'No, esto no es asi'. A veces el analista angustiado por la abundancia de fantasías de su paciente en relación con él mismo, de vez en cuando le dice: 'Pero no, yo no soy así, yo no me sonreí, yo no me enojé, yo no hice tal cosa'. Se trata de momentos en que el analista, inundado por el mundo de relación objetal de la sesión recupera su identidad como yo real y dice: 'no, no regrese tanto, no fantasee tanto, yo no soy el que ud. dice que yo soy, por ejemplo. Hay algunas intervenciones psicoanalíticas donde el analista se siente ante la necesidad, ya sea por angustia propia o porque la situación lo requiere, de corregir la regresión fantasmática de su paciente. En muchas otras ocasiones, no. Cuando el paciente despliega ese material regresivo, sobre esa base se interpreta.

En el análisis de las configuraciones vinculares de grupo, de familia o de pareja, esto no es así. Cuando uno habla en presencia del otro y le atribuye significados, emociones, sentimientos, etc., se encuentra con que el otro le dice: 'no, no te permito regresar a este punto, no te permito transformarme a modelo y semejanza de lo que vos quisieras que yo sea, como si yo fuera una relación objetal tuya'.  Acá estamos ante un vínculo en el que los dos tienen derecho a vivir desde su propia manera de ser; y el otro real hace de tope a la regresión fantasmática. Gracias a que hace de tope, obliga o suscita otros tipos de mecanismos de defensa que son los que se emplean cuando la realidad externa al propio yo se torna insoportable y molesta. Un mecanismo defensivo puede ser por ejemplo, el aislamiento, donde aparece en las parejas las fantasías de separación en forma muy frecuente. También se observan otras defensas, pero no son las mismas que aparecen en el análisis individual.

Respecto de esta conceptualización, el trayecto es: fracaso, invento de algunos encuadres nuevos, posibilidad de algunas hipótesis nuevas y rehabilitación del concepto de realidad externa, para definir lo que es un vínculo y diferenciarlo de una  relación objetal. Este trayecto nos lleva a la creación del concepto de vínculo. La palabra vínculo no la inventamos, pero ingresa en el cuerpo de la teoría como un término teórico. Lo que estoy tratando de darles es un modelo para pensar el fenómeno que ocurre cuando una palabra del lenguaje cotidiano ingresa a una teoría y adquiere otro status. La palabra vínculo, a partir del momento en que se crearon encuadres adecuados para las complicaciones vinculares, ingresó en la teoría de las Configuraciones Vinculares como término teórico, tiene su status propio y nos permite diferenciarlo del de relación objetal, sin que por ello se anule uno o el otro. La intención es mostrar lo que pasa con un inconveniente que uno puede tener en la práctica profesional (si es que se consigue transformar y no melancolizarse con los fracasos) y decir bueno, si me pasa esto una, dos, tres, cuatro veces que me va mal, debe ser que hay algo no funciona. Entonces inventamos algo. Y esto trae toda una remoción sumamente apasionante porque es un recorrido muy interesante que se hace.

Para hablar de Configuraciones Vinculares vamos a dar al concepto de vínculo (sea de grupo familiar o de pareja) un lugar preponderante; y si hablamos de análisis individual vamos a dar al concepto de relación objetal tal como la mayoría de uds. debe conocerlo y lo aprendieron, el lugar predominante, sin que por ello nunca se trabaje con relación objetal en un encuadre vincular ni con vínculo en un análisis individual, pero con las predominancias  respectivas. El vínculo crea a sus personajes y los personajes crean al vínculo, o sea que no hay nada que suceda en un vínculo que no deba ser leído a la luz de los que pertenecen al mismo. Cuando los pacientes en análisis vincular nos dicen: No, pero esto es mio solo..., uno puede decirles: mire, nada de lo que pasa estando en el vínculo es suyo solo, o porque lo oye del otro, o porque depende de cómo está el otro, o porque si estuviera con otra persona estaría potenciando otras facetas de su personalidad. Porque no hay ninguna posibilidad de aislarse de un contexto cuando es el que da sentido a lo que uno hace. Entonces esto que tan a menudo nos preguntan: en un análisis vincular se puede decir algo personal a uno de los pacientes...? y sí, porque personal es, aunque tengamos dos personas si es análisis de pareja o más si es un grupo. Obviamente uno se tiene que dirigir a uno y al otro, pero se observa que está siempre determinado por el contexto mismo y que el otro lo va a oir, va a hacer algo con eso, va a modificar la dinámica del hecho, que no habla a uno y no al otro o al otro y no al uno; y lo que diga el uno proviene también de lo que dijo el otro antes, o sea, es un círculo que no tiene comienzo y fin.

Cuando los pacientes nos dicen: no pero el empezó primero, como dicen los chicos: ...el me pegó primero...No hay comienzo aunque se puede preguntar cuándo empezó: empezó cuando nacieron, cuando nació la pareja; empezó por cómo fue el deseo de los padres para que tengan su pareja; con el deseo propio para  tenerla, con la vida de la pareja. Es díficil saberlo: uno establece marcas, hitos, momentos a los que dice que son fundantes de la pareja. También ocurre en el  análisis de parejas, que el analista  pregunta cuando se conocieron o cuando empezó la pareja de uds., y según el momento del tratamiento empezó en el punto 1. En otro momento del mismo, empieza en el punto x1. Se atribuye el comienzo de la pareja a distintos momentos de la vida vincular. Esto significa que no hay un momento fundante como algo fijo, ese momento está en función del actual, de cómo recuerdan la vivencia. Piénsenlo en la vida diaria, tomen un pequeño autoexamen de qué dirían respecto de cómo empezó la pareja de uds. Recuerden qué hubieran dicho por ejemplo, hace dos o tres años, y probablemente no sea lo mismo que ahora; aunque a veces hay momentos que marcan, que son realmente marcas fundantes y que se conservan a lo largo de toda la vida. Se encuentra muchas veces que la misma pareja, cada uno de los integrantes, no atribuye al mismo momento la marca fundante. Esto muchas veces trae cierto tipo de malestar, dependiendo del estado emocional de la pareja; que pueden llevarlos a discusiones o al contrario, encontrar dinamizante esta doble visión, aunque sea una visión diferente.

Con la exposición previa, traje el concepto de marca fundante de una configuración vincular; y lo que quiero que tengan en cuenta, es que esa marca fundante es relativa al presente actual y al tipo de conflicto (o estado emocional) que en ese momento está pasando la configuración vincular. Ahora vamos a ir viendo el material clínico, despacito con intervención de uds espero, como para aprovecharlo un poco más y desarrollar también este modelo teórico. Nunca se está virgen frente a un material clínico; virgen en el sentido de que uno desconoce la teoría. Cuando hay un cuerpo teórico (insisto mucho con esto), todos tenemos algun propósito con la escucha; sólo que hay que saber qué escuchar, para qué escucharlo, obviamente para tener una intervención terapéutica. Y asi producir actos terapéuticos que modifiquen el sufrimiento que la pareja menciona tener; además de evaluar el sufrimiento que uno piensa que realmente  tienen.

En lo que respecta al contenido manifiesto, ellos dicen qué les hace sufrir. La tarea del analista es descubrir otros elementos que también provocan sufrimiento, y alli nos encontramos con los verdaderos motivos de consulta: esos escollos ocultos en los modelos repetitivos que no desean cambiar. Muchas veces la pareja no viene para cambiar, sino para recuperar un estado anterior que ofrecía menos riesgo que el estado actual, porque no pueden imaginar un estado mejor. Imaginan que algo se produjo y los desequilibró, es cuando dicen: "no damos más" por ejemplo, pero acto seguido nos dicen: "hace 20 años que sufrimos de lo mismo". La paradoja contenida es "no damos más, pero hace 20 años que estamos en lo mismo" lo que hace pensar que hay gato encerrado en este asunto; o sea que el "no damos más" aparece en función del temor de que algo cambie. Si soportaron 20 años mientras era pura repetición, en el momento en que la repetición ya atenta contra el equilibrio de la pareja, alli consultan. Se trata de una contradicción manifiesta, ya que no pueden decir: "devuélvannos el estado anterior que no sabíamos que nos llevaba a esto; hoy nos parece catastrófico". Difícilmente imaginan en las primeras entrevistas la posibilidad de algo nuevo, no vivido, algo que no saben qué es y que podría surgir a lo largo del tratamiento.

Por lo tanto, una de las cosas que me preocupa detectar en un material es: lo repetitivo; cuáles son las micro soluciones que aparecen dadas por ellos, en base al tratamiento terapéutico; si a lo largo de una sesión ellos  proponen alguna solución después de algún acto terapéutico interpretativo. Estos fenómenos nos permiten saber con qué elementos se cuenta para una posible transformación del vínculo. Si después de cada interpretación se refuerza lo repetitivo sin ningún otro despliegue ni ninguna otra cosa novedosa, caben dos posibilidades: que me equivoqué o no se me ocurrió nada nuevo para decirles; o también que estoy involucrada en la repetición (hasta tanto se me ocurra otra cosa). También puede ser que realmente estemos ante una situación de repetición tenaz que va a llevar mucho tiempo poder modificar.

Otro elemento útil para hacer un diagnóstico inmediato, es tratar de captar el clima preponderante que se manifiesta en una sesión, que por supuesto se puede modificar. El clima tiene un componente pulsional importante porque invade, es difícil sustraerse al mismo, es díficil retraerse; el clima es algo que nos imponen, que nos penetra, que nos impacta y que nos envuelve a todos por igual. Deshacerse del clima obliga al analista a un esfuerzo muy especial, a un retraimiento y a ponerse afuera, lo que no es fácil. Detectar el clima es acceder a aquellos aspectos pulsionales e intrusivos que se vehiculizan a través de la relación transferencial-contratransferencial y que pueden en determinados momentos impotentizarnos, molestarnos, agradarnos, en fin; cualquiera del espectro de sentimientos y emociones que nos puede despertar, sin que nos percatemos. Como nuestro trabajo es percatarnos, es importante advertir aquello que aparece sutilmente. Es útil tener bastante claro el clima con el que entran los pacientes a sesión, ya que tiene importancia en el desarrollo de la misma y a veces puede coincidir con las palabras intercambiadas o no coincidir para nada.

Una pareja puede entrar muy jovial y contenta, para empezar a reprocharse y decirse malas palabras  desarrollando un clima de pelea y de malestar que a uno lo desconcierta, porque se dice cómo llegaron en ese estado y dicen eso. Cuando les ocurra algo asi, pueden percatarse de que están funcionando en un nivel paradojal en el vínculo; la pareja convive en estos dos estados con los cuales no saben qué hacer. Hay que detectar los funcionamientos paradojales que hacen al componente vincular y que tienen tendencia a enloquecer; uno enloquece al otro, que le dice sí y no al mismo tiempo. En la escuela de Palo Alto, se advierte que la paradoja sirve a nivel fenoménico. Las paradojas fundantes de la estructura vincular, son las que no se resuelven nunca; no enloquecen pero sí forman parte de ese aspecto como imposible de satisfacer en una pareja o familia, y puede ser tanto dinamizante como paralizante.

Otra paradoja se advierte en estar adentro y estar afuera. Estar, ser elegido y elegir al otro. Tener la obligación de pertenecer a la estructura vincular y al mismo tiempo elegir cómo pertenecer a esa estructura. Las paradojas fundantes constituyen el lugar de la creación de la ilusión que se desarrolla en un vínculo; ilusión que puede ser interesante, erotizante, dinamizante del crecimiento de la pareja. O al revés: cargarse, investirse tanáticamente y transformarse en reproche, malestar, agresión, violencia, etc. Buscaremos en este material si hay funcionamientos paradojales del estilo enloquecedor; qué han hecho con las paradojas básicas de la pareja matrimonial: si las están usando para crecimiento en la pareja o para  el no crecimiento. También es importante escuchar las palabras que emplean y ver cuáles se repiten; ya que ellas constituyen una vía para conocer el inconsciente vincular. Nos empiezan a resonar en la cabeza como palabras sueltas (aunque forman parte de frases) y  van tomando significados; más que la palabra en sí, por el hecho de repetirse.

Reelaboración de este texto con respecto de algunos criterios actuales vertidos en el trabajo ‘Crisis de la representacion’(1*) por la Lic Sonia Cesio

* *Psicoanalista en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA.) - Miembro fundador de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG) - Autora de profuso material teórico.  Email: janinep@fibertel.com.ar

 Referencias bibliográficas

(1*) 'Crisis de la Representación'-  J. Puget -Conferencia Anual en el Dpto de Parejas - A.A.P.P.G - 6 de Junio de 2003 - (1a)

La desgrabación de este material la realizó Graciela Marta Marrufo                       

Continua en la parte 2º                                                                                                            

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