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ACERCA DEL NARCISISMO (1)


Lic. Ana María Spagnuolo de Iummato*

Recibido el 22 de junio de 2006


(Síntesis)

“Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas”

Antonio Porchia (2)

Introducción

El concepto de narcisismo es considerado uno de los más importantes y controvertidos en psicoanálisis dado que en él se entrecruzan situaciones que durante mucho tiempo permanecieron separadas, como es el punto de vista tópico y la teoría de las pulsiones. Su historia está signada desde su nacimiento por la insatisfacción de Freud acerca de su elaboración teórica y por las dificultades que halló luego en la clínica para precisarlo más adecuadamente [3] , sobretodo los autores que luego profundizaron en el concepto, se esforzaron por relacionar el plano metapsicológico con el clínico sin caer en ambigüedades o en abstracciones que se revelaban inútiles por ser excesivamente genéricas.

Desde el punto de vista clínico, el trastorno narcisista de la personalidad, se ha impuesto en los últimos tiempos como una patología que exige un diagnóstico diferencial de los trastornos de personalidad, asociados al mismo, como ser los cuadros bordeline, histriónicos y antisociales. En épocas recientes, a partir de 1980, a través del DSM-III, la personalidad narcisista ingresó en el diagnóstico psiquiátrico.

Para tener una idea más adecuada acerca del término en un sentido descriptivo, nos remitiremos al criterio diagnóstico utilizado en el DSM-III-R de 1987 de la American Psychiatric Association. De los nueve rasgos de personalidad propuestos, cinco son los indispensables para formular el diagnóstico de personalidad narcisística:

1. Tiene tendencia a aprovecharse de los otros para sus propios intereses o metas.

2. Experimenta un grandioso sentido de autoimportancia (por ej. exagera logros, capacidades, espera ser reconocido como superior, sin logros proporcionados a sus pretensiones)

3. Se siente único o especial y que sólo puede ser comprendido por ciertas personas (o instituciones) que son de alto status.

4. Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza y amor imaginarios.

5. Exige una atención o admiración excesiva.

6. Es pretencioso (por ej. tiene expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus deseos).

7. Carece de empatía (es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás)

8. Frecuentemente envidia a los demás y cree que los demás lo envidian a él. (Este último criterio diagnóstico no se hallaba presente en el DSM-III de 1980 y fue añadido en el DSM-III-R).

9. Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias. Reacciona a las críticas con rabia, vergüenza o humillación.

Riva Posse (1996) nos comenta acerca de dichos rasgos: “Los sujetos con este trastorno asumen con alegría el que los otros otorguen un valor exagerado a sus actos y se sorprenden cuando no reciben las alabanzas que esperan. Es frecuente que de forma implícita en la exageración de los logros, se dé una infravaloración o devaluación de la contribución de los demás. La vulnerabilidad de la autoestima hace al sujeto muy sensible al "ultraje" de la crítica o la frustración. Las críticas pueden obsesionar a estos sujetos y hacer que se sientan humillados, degradados, hundidos y vacíos. Estas experiencias pueden conducir al retraimiento social. Es habitual que no consigan darse cuenta de que los demás tienen sentimientos y necesidades. En todo caso, cuando los reconocen, es probable que los vean con menosprecio, como signos de debilidad. Quienes se relacionan con sujetos con trastorno narcisista es típico que lleguen a una frialdad emocional como también a una falta de interés recíproco”.

Evolución histórica del concepto de narcisismo

“El término narcisismo proviene de la descripción clínica y fue escogido por Paul Näcke en 1899 para designar aquella conducta por la cual un individuo da a su cuerpo propio un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual; vale decir, lo mira con complacencia sexual, lo acaricia, lo mima, hasta que gracias a estos manejos alcanza la satisfacción plena”

En la tradición griega, se llamaba narcisismo al amor a sí mismo. La leyenda y el personaje de Narciso se hicieron célebres gracias al libro tercero de las Metamorfosis de Ovidio.

Según Alice Miller (1994) la leyenda de Narciso describe la tragedia de la pérdida del Yo, del llamado trastorno narcisista. El Narciso que se refleja en el agua está enamorado de su hermoso rostro. También la ninfa Eco responde a las llamadas del joven, de cuya belleza está enamorada. Las llamadas de Eco engañan a Narciso. También le engaña su imagen especular en la medida en que sólo refleja su parte perfecta y extraordinaria, mas no las otras partes. Su parte posterior y su sombra, por ejemplo, le quedan ocultas, no pertenecen a su amada imagen especular, son excluidas de ella. Este estadio de la fascinación es comparable con la grandiosidad, así como el siguiente, el deseo destructor de sí mismo, es comparable con la depresión. Narciso no quería ser nada más que el joven hermoso, negaba su verdadero Yo, quería fusionarse con la bella imagen. Y esto lo condujo a la autoentrega, a la muerte, o bien –en la versión de Ovidio – a la metamorfosis en flor.

Havelock Ellis usa el término “narcisismo” en 1892 por primera vez en un estudio psicológico sobre el autoerotismo, describiendo la raíz mitológica y literaria del mito de Narciso, y extendía el término narcisismo al comportamiento no manifiestamente sexual. Posteriormente, en 1908, Isidor Sadger (alumno de Freud que intervenía en las reuniones de los miércoles de Viena), lo hace entrar definitivamente en la terminología psicoanalítica.

En 1911, Otto Rank presenta el primer escrito dedicado específicamente al narcisismo asociándolo a fenómenos no sexuales como la vanidad y la autoadmiración: “amar el propio cuerpo es un importante factor de la vanidad femenina” (donde se puede interpretar que Rank está anticipando en muchos años, el concepto de “narcisismo sano” de Kohut) y entrevé por primera vez una posible naturaleza defensiva del narcisismo, como en el caso de aquella mujer que “se refugia en el amor de sí misma herida por un hombre malo y con incapacidad de amar” (ejemplo en el cual ya se observa el “retiro narcisístico” frente a la herida objetal, o sea el desenlace del encierro en sí mismo debido a la frustración en la relación interpersonal, temática que será retomada y teorizada por Freud). (Migone, 1995).

Dentro de este recorrido histórico del concepto de narcisismo, nos dedicaremos con un mayor detenimiento a su evolución dentro de la obra freudiana.

La tesis de Freud descansa sobre tres proposiciones básicas: El narcisismo es una catectización libidinal de uno mismo, un amor a sí mismo, pero en segundo lugar, dicha catectización pasa necesariamente en el hombre por una catectización libidinal del yo, y tercera, esta catectización es inseparable de la constitución misma del yo humano.

Comenzaremos el rastreo en la obra Tres ensayos de teoría sexual (1905) donde en el apartado III, Las metamorfosis de la pubertad, Freud define “la libido como una fuerza susceptible de variaciones cuantitativas, que podría medir procesos y trasposiciones en el ámbito de la excitación sexual....Así llegamos a la representación de un quantum de libido a cuya subrogación psíquica llamamos libido yoica; la producción de esta, su aumento o su disminución, su distribución y su desplazamiento, están destinados a ofrecernos la posibilidad de explicar los fenómenos psicosexuales observados. Ahora bien, esta libido yoica sólo se vuelve cómodamente accesible al estudio analítico cuando ha encontrado empleo psíquico en la investidura de objetos sexuales, vale decir, cuando se ha convertido en libido de objeto....Además podemos conocer, en cuanto a los destinos de la libido de objeto, que es quitada de los objetos, se mantiene fluctuante en particulares estados de tensión y, por último, es recogida en el interior del yo, con lo cual se convierte de nuevo en libido yoica. A esta última, por oposición a la libido de objeto, la llamamos también libido narcisista ....La libido narcisista o libido yoica se nos aparece como el gran reservorio desde el cual son emitidas las investiduras de objeto y al cual vuelven a replegarse; y la investidura libidinal narcisista del yo, como el estado originario realizado en la primera infancia, que es sólo ocultado por los envíos posteriores de la libido, pero se conserva en el fondo tras ellos”.

El término narcisismo aparece por primera vez en la obra de Freud, en su trabajo de 1910, Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, a los fines de explicar la homosexualidad. Freud dice que el amor del niño por su madre, deber ser reprimido en un momento determinado del desarrollo. A partir de dicho proceso, se identifica con ella y busca como objeto erótico a un sustituto de sí mismo al cual podrá amar como su madre lo amó: “halla sus objetos de amor por la vía del narcisismo, pues la saga griega menciona a un joven Narciso a quien nada agradaba tanto como su propia imagen reflejada en el espejo y fue transformado en la bella flor de ese nombre”.

En 1911, en Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente, Freud describe al narcisismo como estadio intermedio entre el autoerotismo y el amor objetal. En esta etapa las pulsiones sexuales se han sintetizado en una unidad y toman por objeto amoroso al propio cuerpo, antes de dirigirse a la elección de otra persona. Describe esta etapa como normal e indispensable y nunca totalmente superable. De este modo, la primera elección de objeto es homosexual debida a la búsqueda de lo semejante y sólo posteriormente se encaminaría hacia el objeto heterosexual.

También en 1911, en Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico, aparece la idea de un primer estado hipotético, en el que el organismo formaría una unidad cerrada con relación a su entorno. Tal estado no se definiría por una catectización del yo puesto que sería anterior incluso a la diferenciación de dicha estructura sino que se caracterizaría por un especial tipo de estancamiento libidinal bajo un modelo anobjetal ejemplificado con la vida intrauterina o con el estado del dormir y el sueño. En dicho estado la satisfacción primera de la necesidad estaría dada por la alucinación primitiva, de la cual se saldría por la presión de la necesidad vital.

En Tótem y tabú (1913), Freud aclara mejor el concepto de autoerotismo: “Las exteriorizaciones de las pulsiones sexuales se disciernen desde el comienzo, pero ellas no se dirigen entonces a un objeto exterior. Los diversos componentes pulsionales de la sexualidad trabajan en la ganancia de placer cada uno para sí, y hallan su satisfacción en el cuerpo propio. Ese estadio recibe el nombre de autoerotismo, y es relevado por el de la elección de objeto. Reitera en esta obra, la presencia entre ambas fases (dejando la posibilidad de que se trate de un desdoblamiento del autoerotismo) de una fase intermedia, el narcisismo, “en la cual las pulsiones sexuales hasta ese momento disociadas, se conjugan en una unidad y el yo es investido como objeto. Esta organización narcisista nunca se resignará del todo. El ser humano permanece narcisista en cierta medida aun después que ha hallado objetos externos para su libido; las investiduras de objeto que él emprende son, por así decir, emanaciones de la libido que permanece en el yo, y pueden ser retiradas de nuevo hacia este. Los estados de enamoramiento, psicológicamente tan asombrosos y que son los arquetipos normales de las psicosis, corresponden al máximo nivel de estas emanaciones comparado con el nivel del amor al yo.

Pero fue el importante trabajo de Freud de 1914 “Introducción del narcisismo” el que dio categoría oficial al concepto del narcisismo en el psicoanálisis. Comienza este estudio refiriéndose al narcisismo como descripción clínica de los casos en que el individuo toma como objeto sexual a su propio cuerpo, considerándolo una perversión que ha acaparado toda la vida sexual del individuo. Sin embargo aclara que el psicoanálisis descubre aspectos de esta conducta narcisista en otras perturbaciones como por ejemplo, en la homosexualidad. También la dificultad del análisis de neuróticos con rasgos narcisistas lo conduce a pensar que se dan localizaciones narcisistas de la libido en toda evolución sexual normal. De este modo, el narcisismo se presenta ya no sólo como perversión, sino como complemento libidinoso de la pulsión de autoconservación.

La idea del narcisismo como fase evolutiva surge al tratar de explicar la esquizofrenia aplicando la teoría de la libido. Compara los parafrénicos a los neuróticos y observa que ambos pierden su relación con la realidad. Pero mientras en los histéricos y neuróticos obsesivos se conserva el vínculo erótico con los objetos en la fantasía (sustitución), los parafrénicos parecen haber retirado su libido del mundo exterior sin realizar sustitución alguna. El destino de esta libido sustraída lo constituye el yo, surgiendo de este modo un estado narcisista. Freud establece aquí que la manía de grandeza es la intensificación de un estado anterior que “nos vemos llevados a concebir el narcisismo que nace por replegamiento de las investiduras de objeto como un narcisismo secundario que se edifica sobre la base de otro, primario, oscurecido por múltiples influencias.... Nos formamos la imagen de una originaria investidura libidinal del yo, cedida después a los objetos; empero, considerada en su fondo, ella persiste, y es a las investiduras de objeto como el cuerpo de una ameba a los seudópodos que emite....Vemos también a grandes rasgos una oposición entre libido yoica y la libido de objeto. Cuanto más gasta una, tanto más se empobrece la otra. Desde esta perspectiva, la libido objetal en su máximo desarrollo caracteriza el estado amoroso, mientras que a la inversa, la libido del yo en su mayor expansión da fundamento al fantasma del fin del mundo en el paranoico.

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*La Lic Ana María Spagnuolo Psicologa Clinica, especialista en Psicosomática.

Email: iummato@fibertel.com.ar

1 - Este trabajo recibió el Premio Psiquiatría Dinámica “Dr.Celes Cárcamo”, en el 7º Congreso Internacional de Psiquiatría, de la Asociación Argentina de Psiquiatras. Buenos Aires, octubre de 2000.
2 - Del libro “Voces”, Ed. Hachette. Buenos Aires, 1978.

Notas

3 - “Muy difícil ha sido para mí el parto del narcisismo, y es lógico que hayan quedado en él los consiguientes rastros de deformación” (Freud en su carta a Karl Abraham, del 18 de marzo de 1914, en Sigmund Freud – Karl Abraham, Correspondance 1907 – 1926, París; Gallimard. 1969, pág. 171)

4 - Según el comentario de Strachey, Freud en una nota agregada en 1920 a Tres ensayos de teoría sexual, dice que se equivocó al afirmar en Introducción del narcisismo (1914) que el término “narcisismo” fue introducido por Näcke, y que debería haberlo atribuido a Havelock Ellis. Sin embargo, el mismo Ellis escribió posteriormente (1927) un breve artículo donde corrigió la corrección de Freud y sostuvo que, en verdad, la prioridad debía dividirse entre él y Näcke, explicando que el término fue usado por él como descripción de una actitud psicológica, y que Näcke lo introdujo para describir una perversión sexual. (Freud, 1914).
5 - “Hijo del dios Cefiso, protector del río del mismo nombre, y de la ninfa Liríope, Narciso era de una belleza inigualada. Se atrajo el amor de más de una ninfa, entre ellas Eco, a la que rechazó. Desesperada, ésta cayó enferma y le imploró a la diosa Némesis que la vengara. En el curso de una partida de caza, el joven hizo un alto cerca de una fuente de agua clara: fascinado por su propio reflejo, Narciso creyó ver otro ser y, en pleno estupor, no pudo ya desprender su mirada de ese rostro que era el suyo. Enamorado de sí mismo, Narciso hundió entonces los brazos en el agua para estrechar esa imagen que no cesaba de sustraerse. Torturado por ese deseo imposible, lloró y terminó por tomar conciencia de que el objeto de su amor era él mismo. Quiso entonces separarse de su persona, y se golpeó hasta sangrar antes de decirle adiós al espejo fatal y entregar el alma. En signo de duelo, sus hermanas, las Náyades y las Dríadas, se cortaron los cabellos. Al querer cremar el cuerpo de Narciso en una hoguera, comprobaron que se había transformado en una flor”. (Roudinesco, 1998).
6 - “Esta muerte –interpreta Miller – es una consecuencia lógica de la fijación en el falso Yo. Pues no son sólo los sentimientos “bellos”, “buenos” y complacientes los que nos permiten estar vivos, dan profundidad a nuestra existencia y nos proporcionan ideas decisivas, sino a menudo aquellos que nos resultan incómodos e inadecuados, precisamente aquellos que preferiríamos evitar: impotencia, vergüenza, envidia, celos, confusión, rabia y duelo. En el espacio de la terapia, estos sentimientos pueden ser vividos, comprendidos y ordenados. En este sentido, dicho espacio constituye un espejo del mundo interior, que resulta mucho más rico que el “rostro hermoso”. Narciso está enamorado de su imagen idealizada, pero ni el Narciso grandioso ni el depresivo pueden amarse realmente. Su entusiasmo por su respectivo falso Yo les imposibilita no sólo el amor al otro, sino también, pese a todas las apariencias, el amor por la única persona que les ha sido confiada por entero: ellos mismos”. (Miller, 1994).
7- El subrayado es nuestro.
8 - Freud reconoce que la ubicación de un narcisismo primario acarrea numerosas dificultades dado que no es fácilmente observable, en forma de observación indirecta destaca la admiración parental por “his majesty the baby” como una manifestación del narcisismo primario abandonado de los progenitores, en cuyo lugar se ha constituido progresivamente su ideal del yo. Entendemos que para la constitución de este estadio, que organice el anárquico universo autoerótico, el mecanismo básico lo constituye la identificación primaria, fundante del yo inicial. Es evidente que sublimación e identificación son las formas de transformación de la libido erótica en libido del yo.
9 - “El estado de enamoramiento se nos aparece como la fase superior de desarrollo que alcanza la segunda; lo concebimos como una resignación de la personalidad propia a favor de la investidura de objeto y discernimos su opuesto en la fantasía (o percepción de sí mismo) de “fin del mundo” de los paranoicos. En definitiva concluimos, respecto de la diferenciación de las energías psíquicas, que al comienzo están juntas en el estado del narcisismo y son indiscernibles para nuestro análisis grueso, y sólo con la investidura de objeto se vuelve posible diferenciar una energía sexual, la libido, de una energía de las pulsiones yoicas”. (Freud, 1914)

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