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ASPECTOS PSICOSOCIALES DEL EMBARAZO ADOLESCENTE 

Recibido el 30 de octubre de 2007     

 * Por la Psic. Alicia RADOSINSKY

 

    En nuestro país donde las mujeres adultas han alcanzado niveles altos de control de la fecundidad sin que intervinieran campañas ni estímulos, y aun a contramano de políticas públicas explícitas, se mantienen sin embargo bolsones de fecundidad altas, en dos categorías de mujeres bien establecidas: las mujeres más pobres y las adolescentes (14).

 

"Aumentan en el país los casos de embarazo en adolescentes", señala el titular de un diario local con fecha 2 de mayo de 2001, para aclarar luego que este aumento se refiere al número de embarazadas menores de15 años, que se produjo en el término de un año y que alcanzó al 8%, datos suministrados por el Ministerio de salud de la Nación según las últimas estadísticas.

 

La nota continúa con diversos comentarios de funcionarios vinculados a esta problemática, al parecer provenientes del campo de la medicina, que destacan la importancia de generar mecanismos de prevención, generalmente a través de programas de educación sexual y de planificación familiar, como únicas maneras de evitar este flagelo". Deseo ser cuidadosa, y por ello aclarar que obviamente no se trata más que de una nota periodística, donde aun los encomillados deben interpretarse cautelosamente, pues no siempre reflejan los postulados y teorías subyacentes del autor. Pero cuidado, se trata de una problemática sumamente compleja, determinada por numerosos condicionantes de índole personal, familiar y social, requiriendo de un análisis profundo acerca de la constitución de la subjetividad en esta niñas que transitan la adolescencia y del contexto histórico social y sus diversas formas de impacto en las diferentes clases sociales.

 

El embarazo adolescente coloca a esta jóvenes en una situación de gran vulnerabilidad pues, en primer término ocurre durante una etapa de profundos cambios biopsicosociales, en la crisis de la adolescencia. Definimos a la crisis como una ruptura de un equilibrio anterior, acompañada por una sensación subjetiva de padecimiento, Estas crisis se producen en sujetos que están en situación de importantes cambios y que en esas circunstancias se interrogan acerca de su identidad, "¿quién soy?". Pero estas crisis, con sus cuestionamientos acerca de la identidad, sólo se producen en situaciones de transición (2). Esta etapa de tránsito hacia la adultez, que no por ser de tránsito es corta o pasajera, tiene que ver con un período revolucionario en la vida del individuo: la capacidad de dar vida.

 

En segundo término, viene a enclavarse una segunda crisis: el embarazo, con la particularidad de trascender en ese momento de plena maduración de la niña, y para el que difícilmente pueda estar preparado su cuerpo y su psiquis. La experiencia del embarazo marca un hito en la psicosexualidad femenina y puede estar acompañada por fantasías y ansiedades muy diversas, para cuya dilucidación es necesario tener en cuenta las circunstancias en que se produjo el embarazo, el deseo o el no deseo y la historia de vida personal y familiar. Sobre todo tomando en cuenta que no es un hecho aislado, ni que simplemente dependa de la niña, aunque en el nivel del discurso se diga "se embarazó" o quedo embarazada", como un hecho natural, si se es mujer por lo tanto es esperable que se embarace.

 

Y en tercer lugar, aparece la maternidad, las representaciones acerca de la maternidad, producto de ser madre y el sentimiento subjetivo que surge a partir del futuro hijo y del vínculo que se establezca con él. A lo cual deberíamos agregar las cuestiones vinculadas al padre y a la paternidad. Realizar una función materna que no siempre eligió, la coloca en posición de sometimiento a su biología, ciñéndola a un futuro regulado por su condición maternal y probablemente poco vinculado con la dinámica de la adolescencia, la que a su vez reclama protección y contención (5). La maternidad adolescente involucra a dos seres, una niña-madre, que no ha completado su desarrollo y un futuro hija/o en gestación; ambos necesitados de maternaje, por lo cual es necesario sostener emocionalmente a esta joven, cubrir ese maternaje, para que ella a su vez pueda ejercer su propia función materna.

 

Embarazo adolescente: una cuestión de inequidad

 

Numerosos estudios demuestran que no todas las niñas están expuestas por igual a la posibilidad de tener un hijo antes de cumplir los 20 años, existen cuestiones de edad, de género y de clase social que generan esta desigualdad.

 

Cuando nos referimos a la edad como factor de desigualdad, en realidad, lo que se pretende, es tener en cuenta las diferencias que resultan de los distintos momentos o subetapas de la etapa adolescente, ya que no es lo mismo un embarazo a los 12 o 13 años que a los 18.

 

Desde una perspectiva psicológica, podemos presuponer que a los 18 años, se producirá un desasimiento de los vínculos parentales tendientes a una mayor autonomía. Al mismo tiempo el erotismo a esa edad, demanda un procesamiento psíquico que no responde exclusivamente a las variables del desarrollo físico, sino que reclaman niveles afectivos, nuevos registros de sensoriedad y representaciones mentales (5).

 

Una adolescente de 13 años, cercana a la pubertad y a la niñez, dispone de una sexualidad que, por lo general, no sabe como manejar, no demandada por exigencias funcionales, pero sí la influencia de los medios de comunicación puede conducirla a ensayos tempranos. Por otra parte, no puede desconocerse que gran parte de los embarazos ocurridos en estas edades son producto de situaciones de abuso o violación.

 

Desde la perspectiva de género, sabemos que la maternidad adolescente coloca a esta jóvenes en una situación de desventaja en cuanto a su autonomía psíquica, a su desarrollo personal e inserción social.

 

Al explorar sobre la circunstancias en que se produce el embarazo, nos encontramos con que no siempre es producto de una relación consolidada, de una parejita de enamorados que se embaraza y quiere tener un bebé, en muchos casos es el resultado de una relación casual, donde el partenaire se desentiende del fruto de la concepción. La maternidad en esta etapa, suele conducir a uniones que quizás no se hubieran realizado en otras circunstancias y que padecen de altos niveles de fracaso. La situación de abandono en cualquiera de los momentos del embarazo, coloca a las adolescentes en la categoría de madres solas, con todas las consecuencias que ello implica.

 

Acerca de estas cuestiones de la relación de pareja, es interesante analizar las tendencias y comportamientos que circulan en el imaginario social.

 

La prolongación de la etapa de la adolescencia, la modificación de los ideales que los adultos proponían a los adolescentes y la incorporación de sus propias demandas, generalmente opuestas a las pretensiones de los mayores, ha conducido en este aspecto a una autonomía en el seno de la familia y al ejercicio de la sexualidad por fuera de la alianza matrimonial. Así mismo, la soledad como ausencia de pareja es un estado posible, no desventurado o desprestigiado socialmente, como ocurriera tiempo atrás, quedando relativizado la pareja humana como un ideal socialmente buscado (11).

 

Sin embargo, también se mantiene la tendencia nacida en la modernidad, consistente en considerar que la felicidad se construye de a dos y se consolida con la aparición de descendientes. Desde esta perspectiva, persiste en la mujer, el deseo consciente o inconsciente de "ser elegida", en la convicción de quedar socialmente en una situación de ventaja. Frecuentemente, aparecen heridas narcisisticas en las adolescentes embarazadas o en las madres adolescentes ante el abandono de su pareja por otra mujer aun más joven que ella.

 

La interpretación del embarazo adolescente en los diferentes estratos sociales debería realizarse teniendo en cuenta las demandas de las propias metas funcionales y también lo que en cada medio social significa el embarazo. En ciertos niveles, donde la embarazada adolescente es a su vez hija de una mamá que se embarazó siendo adolescente, y que tiene otra hermana que tiene otro bebé, hay una circulación del tema con distintas diferencias desde la interpretación que le da el imaginario social.

 

De todos modos, esta "aceptación del embarazo adolescente", ha permitido generar mecanismos de protección a nivel familiar, del grupo de pares, y apoyos institucionales como en las áreas de educación y del sector salud, pero ello no quita que la maternidad adolescente impacte de diferentes formas según la clase social.

 

Las diferencias por clase social son muy evidentes tanto en la significación que se le otorga a ese embarazo como a los recursos cognitivos y materiales con los que cada niña cuenta para afrontar esa situación. Numerosos estudios muestran que las consecuencias del embarazo adolescente colocan a esta jóvenes en una situación de desventaja con relación a sus pares que no han pasado por tal situación. Aunque en algunos casos el embarazo en las adolescentes puede llegar a término en condiciones que no alteran significativamente la calidad de vida de las embarazada, en la mayoría de los casos pueden tener efectos devastadores (13).

 

Diversos estudios comparativos demuestran que las posibilidades de pobreza para las adolescentes que tienen un hijo son siete veces mayores que para las adolescentes no embarazadas. A su vez las posibilidades de divorcio o separación de su compañero son tres veces mayores para las adolescentes que tuvieron un hijo y los salarios que recibirán serán considerablemente inferiores que los de las adolescentes no embarazadas (13).

 

Con respecto a los hijos de las adolescentes embarazadas, la prematurez, el bajo peso al hacer y la mortalidad perinatal y neonatal son mucho mayores en ellos que los nacidos de mujeres adultas. Además, los hijos de madres adolescentes presentan un riesgo más alto de abuso físico, de negligencia en su cuidado, de desnutrición y de retardo físico y emocional (13).

 

La crisis familiar y la adolescente embarazada

 

Es importante analizar el desarrollo de la crisis familiar que se genera a partir de la irrupción del embarazo de la adolescente al interior del grupo familiar, crisis que recorrerá diversos caminos dada la variedad de circunstancias que la determinan y la capacidad de protección y de contención disponible. Aquí nos encontramos con una diversidad de respuestas posibles que van desde: generar un espacio de contención y apoyo hasta el otro extremo de la expulsión del hogar, en las que estas jóvenes comienzan a deambular buscando algún familiar cercano, viviendo en las calles o finalmente internadas en un hogar bajo la tutela judicial.

 

En otros casos, pasada la crisis, permanecen en el hogar pero con escasas posibilidades de continuar sus estudios o conseguir un trabajo para atender las nuevas necesidades materiales que demandará el bebé. En las clases sociales más acomodadas, los padres suelen hacerse cargo de la situación previendo los recursos necesarios para que la joven pueda continuar con sus estudios y actividades habituales. Esto significa que ser madres y padres adolescentes es posible si se cuenta con resortes materiales, familiares y/o institucionales que permitan seguir siendo hijos hasta llegar a una edad adecuada para ser autónomos (4).

 

Las adolescentes y su sexualidad

 

En un estudio realizado por A. Pantelides sobre los motivos de la iniciación sexual en adolescentes de clase media-baja y baja que concurrían a consultorios externos en hospitales públicos, encontró que el 44% de las adolescentes mujeres ya habían tenido su primera relación sexual. Entre las niñas iniciadas, esta iniciación rara vez había ocurrido antes de los 13 años, pero un 16% se había iniciado a los 13 años. Sin embargo, las edades cruciales van de los 14 a los 16 años, siempre en las mujeres.

 

¿Qué motivos llevan a esta niñas a comenzar su vida sexual?

 

Sus declaraciones indican que se trata en gran medida de manifestar el afecto, en contraste con los varones para quienes el afecto toma un segundo lugar , primero esta al deseo. Pero además, los afectos aparecen como dominantes en relación con lo que las mujeres buscan en una relación sexual sosteniendo que lo más lindo en ella es estar juntos y quererse (14).

 

Las principales preocupaciones en torno a las relaciones sexuales, el sexo y la sexualidad, el embarazo en esas edades, pueden apreciarse en las preguntas planteadas por alumnos de escuelas polimodales de sectores de clase bajas y marginales (7).

 

Cómo hacer para no quedar embarazada? Cómo se hace una relación? ¿Cómo podemos prevenirnos?

Cómo hacen un bebe una mujer y un hombre?; ¿Para quedar embarazadas, hay que tener relaciones sexuales?

Cómo nos quedamos embarazadas las mujeres?, ¿Cómo nos damos cuenta?; ¿es bueno o es malo?; ¿cómo hacemos para cuidarnos?

Cómo te sentís cuando estás haciendo la cosa sexual?; ¿Es normal que a las mujeres les venga la menstruación?; ¿cómo es para no quedar embarazadas?

¿Qué pasa cuando una chica se hace un aborto?; qué siente una mujer cuando hace el amor? Cómo se hace el sexo?; ¿cómo se puede contagiar el sida?

¿Se puede tener relaciones sexuales con la menstruación?; ¿existe el amor a primera vista?; ¿qué es el espermatozoide y el pene?; ¿cómo una mujer puede cuidarse del embarazo?; ¿a los cuántos años te llega la menstruación, y a los cuántos años una adolescente puede quedar embarazada?; ¿qué son los ovarios?; ¿cómo me doy cuenta que estoy embarazada?

¿Por qué a algunas chicas les duele cuando tienen sexo?; ¿para qué necesitas ponerte preservativos si no sirve?; ¿a qué edad empiezan a tener espermas los hombres?

¿Cómo es el desarrollo de un hombre?

¿En la primera relación sexual siempre se quedan embarazadas si no se cuidan ninguno de los dos?

¿Cómo rompen la virginidad los varones?

Estas cuestiones y preocupaciones manifestadas por las adolescentes nos muestran de alguna manera los caminos hacia donde orientar el abordaje de esta problemática, quedando las clásicas charlas sobre educación sexual, preferentemente en las escuelas, como estrategias incompletas, al menos para abarcar la diversidad de factores que entran en juego, en la sexualidad de los adolescentes y en el embarazo precoz. Mirar la sexualidad desde la perspectiva reproductiva, implica limitar el ejercicio de nuestra sexualidad en cuanto placer, en cuanto impulso vital, esencial para el desarrollo y ajuste de la personalidad, y como importante medio de comunicación interpersonal.

 

Durante mucho tiempo por influencias religiosas, sociales y culturales, se consideró a la reproducción como único objeto de la sexualidad y para sostener este concepto se hizo de la penetración pene-vagina la única forma valorizada de relacionarse, lo cual fue bloqueando otras posibilidades sexuales como fuentes productoras de placer.

 

La sexualidad no es equiparable a la genitalidad, ésta es un componente más junto al instinto o impulso sexual, la comunicación, los sentimientos, la comprensión; es una forma privilegiada de obtención de placer así como una fuente de comunicación, ternura y salud. Su buen ejercicio valoriza a la persona y aumenta su autoestima, lo que se hace visible cuando por diferentes circunstancias se altera.

 

La situaciones de abuso y/o violación de las niñas

 

Un hecho especial esta dado por aquellas niñas que se inician sexualmente sin desearlo, que actuaron contra su voluntad, ya sea respondiendo a una presión psicológica (generalmente la amenaza de abandono o pérdida del amor de parte del varón), a la violencia o a otras formas de abuso sexuales. Quienes la sufrieron no reconocen luego nada rescatable en la relación sexual e incluso manifiestan no querer tener relaciones.

La literatura especializada nos informa sobre las circunstancias en que se producen los embarazos productos de abusos sexual por parte del padre, padrastro, concubino de la madre o algún otro significativo de la familia, con quien existe una relación estrecha. Generalmente estas situaciones de abuso son de larga data y persisten frente a las amenazas por parte del agresor obligando a la niña a permanecer en silencio. Pueden llegar en algunas casos a revelar lo que les esta sucediendo, a sus madres con diversas consecuencias, entre ellas la continuar en la misma situación.

 

Micaela de 17 años. Dos hijos, un varón de 4 años y la nena de 2 meses.

"Yo estoy acá porque me violo mi padrastro, con el más grande, yo estuve todo el embarazo en mi casa..." Mi mamá empezó a sospechar que él me violaba, entonces yo le conté. Pero él la maltrato a mi vieja, se armó un quilombo muy grande porque siempre la golpeaba ..."

 

María de 15 años, una hija de 15 meses.

"Mi madre no me daba bolilla y estaba más con mis hermanos, cuando yo tenía siete años mi padrastro vivía con la abuela...después la abuela se fue y la que quedaba era yo ...Yo era más grandecita y me empezaba a tocar los pechos y me acariciaba, yo le dije a mi mamá, y ella me dijo que entonces íbamos a hablar los tres. Que me iba a decir algo que me iba a doler; y me dice que él no era mi padre, ¡me dio el golpe más grande que me pudo dar!. A los ocho años empezó a violarme, cuando tenía trece años quedé embarazada. (6)

 

El silenciamiento de la violencia parece ser el que preserva la unidad de las familias actuadoras de incestos a través de distintas estrategias de eficacia. El secreto familiar aparece como un pacto de unión entre sus integrantes, consciente o inconscientemente, que la denuncia llegaría a romper. Estudios que demuestran lo que de algún modo siempre hemos sabido: Las víctimas de esta práctica delictiva son generalmente niñas y sus atacantes familiares varones. En EEUU se encontraron 2 casos de contacto sexual entre madre e hijo, contra 164 casos de padres a hijas; en Alemania, un 90% de los casos involucran a los padres o padrastros e hijas. El contacto homosexual padre-hijo constituye un 5% de los casos mientras que el incesto madre-hijo un 4%) (4).

 

"Quedan visibles estas diferencias de género, en este caso de niñas, donde el embarazo es una consecuencia inmediata o mediata, que viene a sumarse al daño psíquico en la constitución de su subjetividad. Aquí la niña es objeto de placer de un adulto que no averigua el grado de consentimiento para el placer y/o embarazo; que no desea embarazarla sino que no le preocupa evitar embarazarla. Se reproduce en acto la subordinación de género, ya que en esta particular interacción hombre-mujer se instituye la voluntad y elección de uno de los géneros sexuales en relación al cuerpo de otro" (4).

 

Actualmente asistimos a importantes cambios en nuestra sociedad, las niñas y los niños han pasado a ser sujetos de derecho, haciéndose visibles las situaciones de abuso físico, emocional y sexual, que en otros tiempos no se percibían o se naturalizaban.

 

¿Por qué se embarazan las adolescentes?

 

Los motivos subyacentes mencionados por las adolescentes embarazadas acerca del deseo de ser madre tienen que ver con el deseo de resultar indispensable para alguien, el tener algo propio y exclusivo (sobre todo en jóvenes inhibidas, con carencias infantiles), el deseo de compañía, el dar y recibir afecto, el deseo de no sentirse inferiores, un afán de ser "como todos"; la maternidad como medio de ser consideradas adultas, de escapar de un hogar conflictivo o de dejar la pesada tarea de cuidar a los hermanos menores (12) y (14).

 

Pero, la maternidad adolescente no está suelta en el desarrollo psicosocial del adolescente, ni en el desarrollo sexual, calza en la etapa en que el adolescente trata de desasirse de los cánones familiares y lograr formas de autonomía e independencia.

 

Investigando sobre las percepciones de mujeres madres con hijas adolescentes acerca de por qué se embarazan, aparecen una serie de respuestas que he categorizado de las siguiente forma: (7)

 

1. Respuestas que aluden a cuestiones personales

 

Se creen estar enamoradas

Se creen adultas

Se creen que no quedarán embarazadas

Por capricho

Por confianza

Por amor

Porque les parece o sigue sus instintos

Inconciencia e inmadurez

Falta de personalidad

Ignorancia

2. Respuestas que aluden a mecanismos de "presión"

 

Presión psicológica del novio

Demostración de "amor"

Porque todas lo hacen

Para no ser menos que las amigas

Para "enganchar a un novio"

Mala influencia, malos ejemplos

Falta de información

3. Respuestas que involucran a la relación padres-hijos

 

Castigar a los padres

Falta de comunicación y diálogo con los padres

Falta de límites

Demasiada libertad

Por creer que de esa manera escapa de su casa

Una forma de salida al conflicto familiar

Rebeldía ante la presión de los padres

Cuando se trabaja con estas mujeres de hijas y/o nietas adolescentes, los posibles factores de protección para con las embarazadas adolescentes, y que ellas puedan implementar, aparecen:

 

Poniendo límites

Charlando con la familia

Con apoyo y aceptación

Educación sexual, anticoncepción, controles ginecológicos

Buscando ayuda profesional

Apoyo psicológico

Conversación, informar "sin vergüenzas"

Prevención

Afecto, confianza y comprensión, comunicación.

Enseñándoles que todo tiene su tiempo

Con mucho amor y compañía

Contención familiar y social

Machacando en todo

 

A la luz de estas respuestas y las planteadas con respecto a la sexualidad, la instrumentación de políticas públicas y de mecanismos de prevención frente a las adolescentes en general y a sus formas de usar la libertad, particularmente su sexualidad, y las creencias vigentes entorno a ellas, requieren un profundo debate reanálisis en la actualidad con resultados difíciles de prever.

 

El embarazo adolescente : una cuestión de género

 

Considero que los estudios de género constituyen un rico aporte para la comprensión de esta problemática. Los estudios de género se refieren a aquel segmento de la producción del conocimiento que se han ocupado de este ámbito de la experiencia humana: los significados atribuidos al hecho de ser varón o mujer en cada momento histórico. Una de la ideas centrales es que los modos de pensar, de sentir, de comportarse de ambos géneros, más que tener una base natural e invariable, se deben a construcciones sociales que aluden a características culturales, psicológicas, asignadas de manera diferencial a varones y mujeres. Estas asignaciones que se realizan a través del proceso de socialización temprana, en el interior de la familia, en la educación, intervienen para la construcción del género femenino y masculino (3).

 

Durante mucho tiempo los términos sexo y género se utilizaron indistintamente para referenciar al hombre y a la mujer. Hoy se reserva el término sexo para definir los atributos del hombre y de la mujer creados por sus características biológicas, y el de género, para definir el conjunto de rasgos de personalidad, actitudes, afectos, valores, creencias, conductas, actividades, que la sociedad adscribe diferencialmente al hombre y a la mujer. El género es un concepto relacional y diferencial. Es relacional en tanto la noción de género relaciona a las mujeres con el varón, especialmente en las relaciones de poder. Es diferencial porque los estudios de género se basan en cómo se diferencian varones y mujeres a partir de la noción de género. Esta diferenciación es producto de un largo proceso histórico de construcción social, que no solo promueve diferencias entre los géneros sino que a la vez ellas implican desigualdades y jerarquías entre ambos.

 

En este campo, uno de los estudios más interesantes se han centrado en analizar cómo se ha producido un área de poder específico para varones, como es el área de poder racional y económico, y uno de poder específico para mujeres, como es el rol de los afectos.

 

Uno de los roles tradicionales del género femenino es el rol maternal, fuertemente arraigado en esta cultura que llamamos patriarcal. Hay una frase: "SER MUJER ES SER MADRE". Hay mecanismos como el esencialismo, el naturalismo, el biologismo que producen los deslizamientos que promueven esta apreciación.

 

En este sentido, plantea Giberti, podría conjeturarse que en algunas oportunidades, las fantasías de hijo, que son distintas del deseo de hijo, funcionan como un ordenador provisto para el género mujer. ¿CÓMO ALGUIEN VA A SER MUJER SIN TENER UN HIJO?.

 

Por ello se considera un ordenador, y en el caso de elegir o ser elegida por alguien del exogrupo, la entrega al varón actúa como un don que se obsequia a ese hombre, aunque ello no signifique voluntad de embarazarse, sino que corresponde al mundo de la fantasía, el deseo de una vida en común con ese hombre, imaginada como continente y trascendente.

 

Este es uno de los elementos que coadyuvan a la situación de las primeras relaciones sexuales, en las que se piensa que la primera no produce embarazo. Esta entrega impresiona como si se entregase un valor equivalente a lo que se quisiera recibir: seguridad y bienestar, en tanto ella se entrega segura de querer hacerlo (5).

 

Es necesario diferenciar entre el deseo de ser madre, de índole narcisista, referido al propio ser, a la autoestima, y el deseo de tener o criar un hijo. El deseo narcisista de ser madre surge en las niñas por identificación con la figura idealizada de su madre, que constituye su modelo y prototipo de ideal para el yo. El ideal social de maternidad continúa, en tiempos posmodernos, siendo valorizado como emblema de la femeneidad, como un organizador principal del proyecto de vida para las mujeres, y el proyecto laboral supeditado a esta expectativa, percibido como "destino" (2).

 

El deseo objetal de criar un hijo implica una mayor madurez personal y el establecimiento de cierta capacidad de donación respecto de otro reconocido y aceptado en su alteridad, en contraposición con su utilización para satisfacer deseos eróticos o narcisistas (2).

 

Cabe indagar en cada caso particular cuál es el grado de autonomía psíquica tanto para la decisión de hijo como para sostener un martenaje. Si se toma la noción de autonomía según el análisis de C. Castoriadis, (citado por Fernández, A.M. en su libro), "ésta implica en principio dos cuestiones:a) la capacidad de proyecto y de acciones deliberadas (voluntad) y b) el grado de autonomía de un sujeto singular es inseparable del grado de autonomía del grupo social al que pertenece. Es decir, que el grado de autonomía que una niña pueda desplegar dependerá de la autonomía posible de su grupo social y de aquella que las mujeres de la sociedad hayan alcanzado.

 

En síntesis, la autonomía de un grupo social no depende de la voluntad personal de quienes pertenecen a él. Que alguien pueda saber qué quiere en su vida y cómo lograrlo, que sienta con derecho a decir no, a incidir en su realidad para lograr proyectos, necesita un tipo de subjetividad cuya construcción no depende exclusivamente de su psiquismo. Entran a jugar aquí condiciones de posibilidades histórico-sociales de gran complejidad y, de lenta y difícil modificación

 

Vemos así de qué manera cuando las condiciones de vida no crean condiciones de autonomía de la infancia en su conjunto tales ideales se verán restringidos por variables de clase y de género.

 

Cuando las condiciones de vida se desarrollan en la carencia permanente cuando las acciones se organizan desde una lógica del instante, se vuelven imposibles aquellas prácticas que requieren una lógica de anticipación, es decir no puede ni sabe planificar, elegir, decidir o sostener acciones a mediano o largo plazo (4). Este estado de presentismo permanente no permite visualizar otro futuro que el de "tener un hijo", desde la lógica del tener busca poder ser: ser madre y mujer.

 

La crisis madre-hija adolescente

 

En el modelo de la cultura patriarcal, sostiene Burín, que en la puesta en crisis entre la madre y su hija adolescente, el cuestionamiento está dirigido a que la pregunta:¿Quién soy siendo mujer?, recibe una única respuesta: "Madre", frente a la cual se rebelará, pues su madre le ofrecerá modelos identificatorios en tanto madre, pero difícilmente en tanto mujer, de modo que tendrá que recurrir a otras figuras de identificación.

 

El muro de cristal una pared que divide a madres e hijas en la adolescencia , una valla difícil de franquear, constituida por rasgos objetivos y subjetivos a la vez. Uno de los rasgos subjetivos del muro de cristal estaría constituido por el interjuego entre madre e hija del deseo hostil y el deseo de poder. El deseo hostil le permitiría diferenciarse de su madre. Cuando dicho deseo queda taponado, no procesado psíquicamente, se impide el recortamiento, la singularización, la diferenciación, quedando taponado también el despliegue de otros deseos, como el de saber o el de poder.

 

También han de considerarse las marcas que deja la cultura patriarcal en el vínculo madre-hija, al encerrar a ambas en significaciones devaluadas de la femeneidad más allá de la maternidad.

 

Para esta autora, cabría preguntarse si algunas condiciones para el embarazo en las adolescentes encontrarían su fundamento en este obstáculo en el vínculo con la madre. Ante el "muro de cristal" que se erige entre ambas, la adolescente se precipitaría a buscar en la maternidad, o en el vínculo con un hombre, las respuestas apresuradas a sus interrogantes sobre su femeneidad. Sin embargo, semejante resolución parecería que, lejos de resolver el conflicto, pasara a ser parte de él (2).

 

Referencias:

 

1. Burín, Mabel: "Estudios de género. Reseña histórica". Capítulo 1, en Género y Familia de Mabel Burín e Irene, Meler. Buenos Aires. Paidós, 1998.

2. La relación entre padres e hijos adolescentes, capítulo 8 ob.cit.

3. Burín, Mabel: "Mujeres y Maternidad; dos procesos difíciles", ponencia presentada en las Primeras Jornadas de Psicología en Obstetricia Hospitalaria, organizadas por el Hospital Bernardino Rivadavia. Capital Federal, 1994.

4. Fernandez, Ana María: "La adolescente o fragilización de las niñas". Capítulo 3, en "La invención de la niña", de Fernanadez, Ana María. Unicef. Argentina, 1993

5. Giverti, Eva: "Psicología de la adolescente en circunstancias de embarazarse", ponencia presentada en las Primeras Jornadas de Psicología en Obstetricia Hospitalaria, organizadas por el Hospital Bernardino Rivadavia. Capital Federal, 1994

6. Material extraído del Programa de Protección a la madre adolescente, "Enfoque de la maternidad adolescente desde un hogar materno-infantil de la Provincia de Buenos Aires", 1995

7. Material extraído del Taller de Capacitación sobre "Embarazo Adolescente", para trabajadoras vecinales, coordinado por Alicia Radosinsky, organizado por el Consejo Provincial de la Familia y Desarrollo Humano, en Ituzaingo, junio de 2001

8. Material extraído de trabajos realizados por alumnos de la Cátedra de Salud, Medicina y Sociedad, de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, en el marco del Seminario "Sexualidad y Adolescencia", dictado por Alicia Radosinsky

9. Meler, Irene: "La familia. Antecedentes históricos y perspectivas futuras". Capítulo 2, en Género y Familia" de Mabel Burín e Irene Meler. Buenos Aires. Paidós, 1998

10. Parentalidad. Capítulo 5, ob.cit.

11. Amor y coonvivencia entre los géneros a fines del siglo XX. Capítulo 6, ob. cit.

12. Nuevas tecnologías reproductivas: su impacto en las representaciones y prácticas acerca de la parentalidad. Capítulo 11, ob. cit.

13. Organización Panamericana de la Salud: "La salud de los adolescentes y los jóvenes en las Américas: escribiendo el futuro". Comunicación para la Salud nº 6, 1995

14. Pantelides, Edith Alejandra: "La maternidad precoz. La fecundiad adolescente en la Argentina". Unicef. Argentina, 1995

 

  *Radosinsky, Alicia: "Protección a la madre adolescente", ponencia presentada en la Jornada de Protección a la madre adolescente, organizadas por la Subsecretaria de Infancia, Familia y Desarrollo Humano del Ministerio de la Familia y desarrollo humano de de la Pcia. de Bs. As., en San Vicente, 1995

 

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