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UNA DIABETES PELIGROSA
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Recibido el 23 de junio de 2007

Berta padecía una diabetes que, aun medicada, llegaba a registrar, a veces, niveles de glucemia de 3,5 g. Tenía 53 años cuando comenzó su análisis. Era hija de una adinerada familia austríaca que emigró a la Argentina cuando ella tenía 12 años.
Aquí cursó sus estudios y se recibió de abogada. Su madre había instalado un taller de tapicería en el cual su padre ayudaba. Su familia gozaba de una holgada situación económica, aunque vivía sin grandes lujos. Se casó a los 34 años, siendo ya abogada, con un hombre separado con el cual tuvo dos hijos.
Cuando Berta tenía 44 años su padre falleció como consecuencia de un accidente cardiovascular, a raíz de un ataque de hipertensión. Entonces se enteró de que había heredado dinero y bienes que su padre poseía en Austria y que nunca le había mencionado; por el contrario, siempre se mostraba mezquino con ella en cuestiones de dinero. En la época en que Berta recibió la herencia, ya gozaba de una buena situación económica, generada por su marido.
Pocos meses después de la muerte de su padre aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad. El había padecido una diabetes leve en su juventud. Los factores hereditarios no nos permiten explicar, sin embargo, y la identificación frente a su muerte tampoco, por qué Berta no se enfermó de hipertensión, de úlcera gastroduodenal o de artritis reumatoidea enfermedades todas ellas que padeció su padre; y la muerte del mismo fue factor desencadenante de la diabetes de Berta.


Teniendo en cuenta que tenía 12 años cuando vinieron de Austria y que su padre viajaba con frecuencia a su país natal, llama la atención que recién a los 44 años se enterara de la fortuna que habría de heredar. Esto hace presuponer que, independientemente de que el padre le ocultara la información, Berta, en una actitud infantil, no deseaba saber.
Por otro lado, el desarrollo económico de su esposo la llevó a vivir en un nivel muy superior al que hubiera podido acceder por su trabajo como abogada. A pesar de que trabaja muchas horas, su labor actual es mal remunerada y poco gratificante, ya que realiza su práctica profesional en una empresa pública, donde trabaja mecánicamente sin mucho interés en lo que hace.
Podemos pensar, entonces, que la herencia que le legó su padre amenazaba con llevar a su conciencia el sentimiento, para ella intolerable, de que su bienestar material no provenía de su esfuerzo. El dinero que recibió de la herencia fue depositado y transformado en algo "intocable" que no debe ser usado. Esa herencia la maneja su marido, y Berta no manifiesta ningún interés por saber, por ejemplo, cómo o dónde está invertida. Adopta, en ese sentido, para con el dinero, una actitud semejante a la que tenía cuando niña.


Algunos fragmentos de una de sus sesiones: -"¿Sabe?, tengo el coche nuevo abajo. ¡Tengo un miedo de no saber manejarlo, de que me lo roben! Lo dejé con todos los papeles y ni siquiera sé el número de chapa, mire si pasa algo"....-"Yo fui a buscar el coche, nunca tuve Ford. Yo tengo la sensación de que mi marido me dejó más la responsabilidad a mí, aunque no es cierto, porque al principio había ido él. Para colmo se me junta con que hay que echar a la mujer que cuida a mi tía. Al principio parecía muy buena pero es una inútil, le hace daño, le interesa sólo el dinero. Hay que pagarle y que se vaya".
-"A mí lo que me altera es cuando tengo todo junto. En este momento tengo tantas cosas juntas, que no puedo más. Si se hubieran presentado una por vez, no hubiera sido tan mala la cosa. (pausa). -Si cuando bajo el auto no está, tengo que ir a la comisaría a denunciar, ¿no? (riéndose) -¿Dónde esta la comisaría por acá?".
Berta, a pesar de quejarse de que no puede con "tantas cosas juntas", está evolucionando. Cuando cuatro años atrás comenzó su tratamiento psicoanalítico, las cifras de su glucemia, aunque recibía insulina inyectable, la acercaban a veces peligrosamente a la posibilidad de un coma diabético.

Actualmente, su medicación se redujo y los niveles de glucemia, sin embargo, se mantienen alrededor de 0.80g por la mañana y 1,50g al anochecer, con una fluctuación no mayor de 0.50g. Su bajo nivel de glucemia matinal suele manifestarse en algunas ocasiones como trastornos hipoglucémicos.

 

*Luis Chiozza

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Psicología – Psicoanálisis – Consultoría

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