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CULTURA MEDIATICA Y SUBJETIVIDAD*

Autoras: Isabel Edenburg - Maria Lila Bellio**

Recibido el 2 de junio de 2004

 Palabras clave:  · argentina  · cambios científico-tecnológicos  · cibercultura  · psicoanálisis  · relaciones sociales

ABSTRACT

Producción de subjetividad en la era de la cultura mediática. Presentación de viñetas de casos clínicos donde la relación a través de internet es parte del discurso del analizante. Tiempo de demora en el proceso de elaboración en psicoanálisis, diferente a la cultura del ‘llame ya’ que ofrece la ilusión de la inmediatez y de la posibilidad de relaciones reticulares infinitas. Un análisis exhaustivo de la cultura mediática y sus efectos sociales y subjetivos

Vivimos en una época signada por las saturaciones y el vacío. La multiplicidad, que aparece en todo el entramado cultural, posibilita el desarrollo de lo diverso en tensión con lo homogéneo. Multiplicidad en las costumbres, modas, arte y ciencia. Entre las lógicas de lo uno y de lo múltiple. Hoy coexisten en una multiplicidad reticular, modalidades de la cultura moderna con las predominancias del postmodernismo, la cultura del posdeber y el fenómeno hiper, tan estimulado por la Cultura Global que reviste características de endiosamiento del objeto.

Habitamos varios universos culturales al mismo tiempo: diversidad y homogenización en la cultura; marginalidad estructural, junto a la nueva marginalidad por exclusión social en un mundo hiperconectado. Otra paradoja de estos tiempos: mundo a dos velocidades, define G. Lipovetzky. En esta coexistencia tensa se instalan las nuevas tecnologías en la vida cotidiana y penetran en las casas, en el mundillo de lo privado.

Es así que en tiempos de Revolución Tecnológica en las comunicaciones a distancia, nos cuestionamos acerca de las cualidades de los sujetos, la inserción social, la construcción de lazos sociales y los procesos de estructuración psíquica en los distintos momentos evolutivos.

La seducción del objeto en la cultura de la imagen, como dice J. Baudrilliard, sin duda afecta la singularidad. Asistimos todos los días a través de la pantalla del televisor, a un espectáculo donde el sujeto se torna objeto a consumir por los televidentes. El sujeto-objeto como imagen ofreciéndose a si mismo para fascinación de los que miran desde sus casas. ¿Qué nos captura de esa seducción en los actos de consumo? La ilusión de ser social que aleje el fantasma de la desaparición-desafiliación, de pérdida del lazo social. La ilusión de ser en tanto juego especular ante el peligro de dejar de ser.

Otro tema es el de la búsqueda de la verdad y de la credibilidad. Hay un profundo cambio en la administración de la verdad que involucra a la ciencia que hoy debe comparecer y convalidar sus enunciados ante los mass-media, que son ciencia aplicada. Estos ocupan en el imaginario social, como dice B. Sarlo, el lugar que antes ocupaban los maestros como interlocutores de la ciencia y trasmisores de sus verdades en lo social. La verdad mediática interactúa con el poder, produciendo un discurso hegemónico transmitido como verdad.

Nuevas series asociativas y entrelazamientos de significantes es probable que constituyan modalidades diferentes a las de la era pre-mediática. Las generaciones que abrevan, desde muy temprana edad, su sed de saber y pertenecer a las pantallas de televisores y computadoras, quizás se encuentren disminuidos en algunos campos de las relaciones de sentido y de significación y probablemente intensificados en la velocidad al establecer relaciones entre elementos, codificaciones-decodificaciones, estimación-desestimación, reversibilidad del pensamiento y anticipación en las estrategias. Un probable cambio de sentido y significado en diferentes niveles de complejización muy distinto a las generaciones anteriores. Aquellas que crecieron con el teléfono y la radio. Un cambio en la cadena de significantes, otras lógicas de sentido.

Cuando un sujeto queda capturado por el objeto pierde capacidad de simbolizar, es allí donde su psiquismo es atravesado por lo social y lo mediático.

La tecnología se ha incorporado masivamente en la vida cotidiana de los infantes. Del sonajero a la computadora, al juguete parlante y con movimiento. Lo que es innegable, obvio, evidente es que es impensable para el mundo globalizado quedarse afuera. De allí el efecto doloroso de la exclusión.

Algunos cambios, sin embargo, son posibles de medir y codificar: la aceleración de las velocidades en las comunicaciones, la inclusión de la imagen en tiempo real, el tratamiento de la información-desinformación por los medios masivos de comunicación, la posibilidad de vincularse a partir de los diferentes formatos que produce la tecnología sujeto se le amplían los universos cognoscibles hasta donde pueda incluir o incluirse.

Otro tema es el del tiempo. Aumento del tiempo libre. Al acelerarse las operaciones con el uso de la tecnología, el tiempo libre deseado para el descanso se torna temido ante la posibilidad de no poderlo llenar. Aparece el consumo: t.v., celular, computadora como sustituto de actividades y operaciones en la vida cotidiana. La opción lleno/vacio, típico de las adicciones, el terror al tiempo libre y a los espacios vacíos como metáfora de algún miedo arcaico. La aceleración del tiempo tecnológico va más rápido que la construcción simbólica de la demanda. Aparecen el "jugar por jugar", "buscar por buscar", "conectarse por conectarse" para alejar la angustia, tan humana.

Esa angustia, junto al padecimiento como contrafigura de lo mitigante, puede ser producto del acoso de los celulares, la televisión y las navegaciones por Internet. Una angustia no ligada por la imposibilidad de sutura intrapsíquica y la ausencia de pregunta por el deseo. La dificultad de elaborar duelos frente a tanto abrir y cerrar ventanas, contactos e interactividad. El duelo, al decir de Freud necesita un tiempo y requiere un trabajo. Hemos visto en nuestra práctica clínica la interceptación de algunos de estos parámetros producidos por la velocidad de lo imperioso de las demandas, la dificultad de meterse a fondo con las emociones en estas aperturas y cierres rápidos, siendo estas, intervinientes necesarias en el procesamiento de las elaboraciones psíquicas.

Quedar perdidos de si para quedar virtualmente conectados. La cultura del "ya" puede hacernos sucumbir en un eterno presente que nos deja sin pasado y sin futuro, en recorridos virtuales sin dirección ni proyecto. El peligro esta en sustituir lo que pulsa desde el sujeto y nos define humanos por las alternativas de la "ventana del programa", donde Internet se ofrece como sustituto infinito de todo lo posible... En la comunicación interactiva hay una gran carga de ilusión, consumo y contacto con un lleno, simulacro de lo real.

En nuestra práctica profesional estamos investigando el uso instrumental de los programas de e-mail y chat con pacientes en análisis, personas que consultan y pacientes de viaje. Sabemos que las estructuras clínicas subjetivas y las singulares modalidades defensivas se ponen en juego en cualquier situación de interacción. Esto también vale para los vínculos virtuales e interactivos que posibilitan los nuevos formatos tecnológicos comunicacionales. Es así que alguien que padece por conflictos de distinta gravedad despliega también sus limites y posibilidades a través de las máquinas. Se dan fenómenos de mejoría o agravamiento en una gradiente aun no suficientemente estudiada. Podremos por ahora, dar cuenta del caso por caso según nuestra propia experiencia clínica.

Caso A: Una paciente a quien llamaremos Camila, 34 años, se conecta por Internet con una de nosotras pidiendo tratamiento. Comienza una serie de e-mails donde la futura paciente cuenta algo de su padecimiento psíquico y su dificultad de conectarse directamente y buscar un psicoterapeuta o psicoanalista por tener al decir de ella misma, ataques de pánico y agorafobia

Relata minuciosamente los síntomas y también da información sobre estas patologías que encontró en Internet. Podríamos pensar que se autodiagnostica, sin embargo la analista toma lo sabido por ella y confirma en un mail estos conocimientos como válidos. Camila padece cada vez que tiene que salir de su casa, manejar su auto, etc. Después de una serie de e-mails durante un lapso de un mes se pudo pasar a una primera entrevista real en consultorio. Ella vino sola y en su relato aclara los motivos por los cuales eligió buscar analista por Internet. Motivos que son a la vez forma y contenido de aquello por lo cual busca analizarse. El vínculo mediatizado por Internet le permitió ir procesando algo, ligado a sus temores .Fallidos mediante como el olvido de la dirección del consultorio y equivocación en el horario, le permitió llegar y empezar la primera serie de entrevistas, umbral de comienzo de su análisis.

Caso B: Una paciente que llamaremos Celia, una mujer de 34 años, soltera, muy apegada a su familia, al estudio y a su trabajo, al cual, toma como una prolongación de la casa. Vivió casi sin preguntas acerca de si misma hasta que una crisis familiar descorre el velo de la ilusión de felicidad. Durante su análisis comienza a preguntarse acerca de los vínculos que establece con los hombres y el dolor congelado de la interrupción de un embarazo. Aparecen las fobias, fantasías persecutorias y su desconfianza hacia los hombres. Un día empieza a entrar en los distintos sitios de internet buscando relacionarse con varones. Lo nuevo es que puede, sin tantos miedos conectarse y comenzar a vincularse con alguien que la atrae. La exclusión del cuerpo en los intercambios, disminuye sus miedos. Descubre que lo que le va sucediendo no es solo un juego virtual. La distancia real con ese hombre que vive en otra ciudad, impidió pasar rápidamente y de manera contrafóbica al encuentro. Produciéndose así, un tiempo de demora. En este caso, el contacto virtual mediatizado permitió, en el inicio de esa relación bajar el nivel de ansiedad ante la aparición de algunos fantasmas y escenas temidas que fueron trabajadas en su análisis.

Caso C: Un paciente de 28 años llega a la consulta por síntomas de desgano, abatimiento y despecho. La novia lo había abandonado. Presenta síntomas de depresión y angustia que trata de mitigar con una idea obsesiva recurrente: pasar por internet una serie de fotos donde su ex-novia aparece desnuda y en actitudes eróticas insinuantes. Fotos que fueron tomadas de común acuerdo cuando eran pareja y haciendo el amor. Esta idea era vivida por él, como una venganza ante el dolor que sentía cuando su novia tomo la decisión de dejarlo. En el transcurso del trabajo analítico y a partir del discurso del paciente, la analista en su escucha, fue puntuando su dolor, sentimiento de pérdida y herida narcisista ante el abandono. Las asociaciones que traía el paciente daban cuenta de su historia de abandonos afectivos anteriores. Luego de un tiempo de análisis, la idea obsesiva fue mermando y renunció a la "venganza" de mostrarla desnuda por la web. Pudo comenzar un trabajo de duelo y aceptación de la pérdida y conectarse con su dolor. Daniel quería destruir el objeto amado en un acto compulsivo y restituirlo a través de internet.

Observamos en el caso A, como se va construyendo un vínculo en el que el deseo puesto en juego puede convertirse en una demanda de análisis. En el caso B, El intercambio de mensajes, mails y conversaciones a través del chat posibilitó que esta paciente pudiera conectarse con sus deseos, temores y expectativas posibilitando procesos de simbolización. Ella dice después del primer encuentro real: "nunca lo había visto pero sentía que algo de él, ya conocía". En el caso C, hay una idea obsesivo-compulsiva de pasar de lo real a lo virtual mediatizado como modo fallido de elaborar una pérdida. El acto compulsivo no se realiza.

Allí donde lo imaginario puesto en juego a puro goce coagula con la realidad virtual de la pantalla de tal manera que en la acción real hay un golpeteo del teclado y en el imaginario, un juego sostén del goce. El deseo expresado como ganas de ser escuchado, mirado, atendido, mimado, amado o aceptado queda capturado en el simulacro que seduce cada vez que se enciende la computadora y alguien entra al lugar no -lugar de la web. Lugares a-tópicos, virtuales senderos a distancia con propuestas de nuevos dispositivos relacionales de agrupamiento. Sin embargo no podemos deslindar la realidad social del mundo convertido en aldea global que impone la tensión inclusión-exclusión. Millones de personas jamás accederán a la red de redes. Otros se conectarán con la gran biblioteca virtual para aumentar sus conocimientos o interactuar por razones puntuales.

Notamos que en los vínculos virtuales "per se" hay reglas de contacto y efectos: excitación emocional, producciones imaginarias, fascinación, denigración, simulación, goce. Los agrupamientos virtuales tienden a la disolución de manera efímera y caótica. En el ciberespacio, donde las ilusiones suelen ser pura promesa, la satisfacción espera colmarse en el clickeo del próximo hipervínculo.

Notamos también que cuando de la web se pasa al encuentro real, el lazo intimo o social tiene condición de posibilidad, con el cuerpo y los sentimientos perdurables que no se manejan con el mouse ni se miran por T.V. Lazos que se construyen entre sujetos con los parámetros de tiempo y espacio del mundo real, investiduras libidinales y cuerpos reales. El olor de la piel del otro, su textura, su gestualidad deja un resto que a nuestro parecer no puede metaforizarse por la web.

Citando a Oscar Masotta: "En psicoanálisis, lo que está en juego es algo que tiene que ver con el deseo inconciente, la vedad del sujeto. Aquello que en su palabra traiciona, lo que lo estructura como sujeto y estructura su opinión y no lo que cree de si". Los mass-media permiten trasladar información con un máximo de fidelidad. Lo que desde el psicoanálisis se escucha es la infidelidad de un sujeto escabroso llamado inconciente a una persona que intenta comunicar algo con precisión. En tanto psicoanalistas atenderemos a los cortocircuitos del discurso: olvidos, lapsus o actos fallidos en su intento de ocultar algún deseo y a la vez dejarlo despuntar.

Las estructuraciones de los sujetos en torno a una falta, no aparecen en ninguna pantalla, pertenecen a otra lógica del discurso. Para que alguien reconozca su falta y la falta en el otro es necesario un tiempo de espera. Todo lo contrario al "llame ya" que obtura con objetos la aparición del deseo y la demanda

BIBLIOGRAFIA

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 *Publicacion Original: II congreso Online del Observatorio para la Cibersociedad 2004 http://www.cibersociedad.net/congres2004/index_es.html

**Edenburg I. Psicologa clinica - Procedencia: Herzlya - Israel //  Bellio Maria L. Coordinadora Cientifica de C.D. de Ateneo Psicoanalitico - Procedencia: Buenos Aires - Argentina

 

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