Asistencia psicológica on line

Asistencia psicológica presencial y on line

 

 

 

 

 
 
 
 

Configuraciones
Vinculares

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

GRUPOS: EL PSICOANALISIS MAS ALLA DE LO  INDIVIDUAL*

 

BERNARD . PAVLOVSKY . BAULEO**

  Recibido el 15 de abril de 2004

MARCOS BERNARD

 

I. Introducción.

Los primeros enfoques psicoanalíticos de la década del `40, centrados en las potencialidades curativas de los pequeños grupos, inauguran la posibilidad de utilizar el análisis en la comprensión de sus mecanismos íntimos, pero atan la técnica a un enfoque

especialmente curativo. Curiosamente, tanto las experiencias fundantes de Bion, como las de Foulkes tuvieron lugar en un hospital de veteranos de guerra, donde estos eran tratados por afecciones traumáticas psicológicas. El trabajo en situaciones de crisis, en un contexto institucional, colocó esta experiencia en un límite entre lo que consideraríamos estrictamente como terapia analítica y otros instrumentos grupales que, aunque teniendo este enfoque, van más allá de una perspectiva terapéutica. Es que el psicoanálisis individual, tomado como referente teórico de estos abordajes, tendió

naturalmente a encuadrar el nuevo campo con categorías importadas de otro que lo precedía, y que lo impregnó, para bien y para mal, de sus puntos de vista. Y me refiero aquí no solo a los teóricos y técnicos, sino también a los institucionales. El conflicto inaugurado casi inmediatamente perdura hasta nuestros días. El psicoanálisis de

grupo, más allá de lo individual, deberá entenderse no solamente como un encuadre diferente del de la cura clásica, sino, además, como un campo con leyes propias, capaz de crear teoría.

 

II. Hacia dónde va el psicoanálisis grupal?

 

Intentaré hacer una reseña de algunos de los principales tópicos que deben ser reconsiderados, a la luz de los aportes de la utilización del psicoanálisis en el estudio de los pequeños grupos.

 

a) El origen grupal del psiquismo. El grupo es históricamente anterior al individuo, y éste emerge como ser autoconsciente a partir de la adopción sucesiva de los papeles de las diferentes personas que lo rodean cuando niño. Esta afirmación de G. Mead (1934) coincide con la de Freud, cuando da el "precipitado de antiguas relaciones de objeto" como origen del Yo. No es éste el único enfoque que podemos encontrar en Freud respecto al nacimiento psíquico del sujeto: una aproximación monista a esta problemática también (y casi especialmente, diríamos) puede ser hallada a lo largo de toda su obra. Su teoría de las fantasías originarias como adquiridas filogenéticamente puede ser ubicada en esta línea. La influencia de esta vertiente teórica ha impregnado enfoques actuales eminentemente grupalistas, como, por ejemplo, los de la escuela

francesa del CEFRAPP.

Es posible pensar en un modelo que pueda dar cuenta del nacimiento del psiquismo a partir de la interacción del infans con sus objetos significativos. En él, la emergencia de los primeros contenidos psíquicos, esas fantasías  fundantes que darán, luego de

un proceso de complejización y especialización, el aparato descripto en las tópicas, se produce en ocasión de las relaciones del niño con su madre primero, con el resto de sus objetos significativos después.

Es necesario pensar en complejos procesos de transcripción actuando en las diferentes fronteras de este aparato psíquico: entre lo somático y lo psíquico que se separa de él, entre lo psíquico y lo sociocultural, de lo cual la madre es representante. Lo somático ingresa al psiquismo perdiendo su cualidad, para asumir una realmente psicológica. También lo sociocultural pierde su esencia, al transformarse en contenido psíquico.

La "sociedad organizada" de Mead, el "precipitado de antiguas relaciones de objeto" de Freud se transforman en algo específico, idiosincrásico, cuando pasan a ser contenido psíquico. Pensarlo de esta forma nos permitirá evitar las desviaciones psicologistas,

sociologistas, economicistas o biologistas de que nos han advertido Laplanche y Kaés.

 

b) La dramática y la fantasía. El grupo es del espacio. La fantasía es ese conjunto de "guiones, (...) de escenas organizadas, susceptibles de ser dramatizadas en forma casi siempre visual" (Laplanche, J. y Pontalis, J. B., 1967). Freud inventa el psicoanálisis

con la utilización del diván, que coarta el despliegue escénico propio de sus histéricas, y las obliga a hacer pasar su desborde fantasmático por el desfiladero temporal del discurso verbal "(...) Pero la innovación capital, desde el punto de vista técnico, consistió en  sustraer al terapeuta del campo visual de la histérica para que esta

se hiciera oír y para que no encontrara más, en el espectador en lo real, la mirada que encarnara su deseo." . En el caso de los encuadres grupales, se recorre el camino inverso. La posibilidad de que varios sujetos desplieguen sus fantasías en un contexto espacial, con las múltiples posibilidades de combinación, reforzamiento o conflicto, obliga a reconsiderar algunos conceptos fundantes del psicoanálisis. Uno de ellos es el de transferencia. Pensado para dar cuenta de un conjunto de fenómenos que surgen de la

implementación de mecanismos neuróticos, la regresión habitualmente intensa en que se encuentran los miembros de un grupo psicoanalítico hacen que los fenómenos transferenciales se asemejen a lo que algunos autores han llamado transferencia

psicótica, o narcisista. El contexto grupal genera una disolución  relativa de la subjetividad, llevando a los agrupantes a vivenciarse recíprocamente como participando de un estado de fusión. Esta situación produce modificaciones cualitativas y cuantitativas en el manejo del encuadre, que debe ser adaptado y respetado teniendo en

cuenta niveles de regresión semejantes. El alto nivel de actuaciones y descompensaciones observados en diversas experiencias (laboratorios, por ejemplo) pueden ser atribuidos, en gran parte, a un descuido, por parte del analista, respecto de estos factores.

Otro punto a observar es el estatuto metapsicológico de la dramática. Me refiero aquí a la dramática espontánea de los agrupantes, no necesariamente a la que se despliega en el transcurso de las técnicas psicodramáticas. Debemos distinguir dramática de acting out. Este último se agota en la repetición de una pauta infantil, en tanto que la primera se relaciona con los conceptos de transferencia que desarrollara J. Laplanche en 1987. La dramatización de determinados contenidos psíquicos está dirigida, en el contexto

psicoanalítico grupal, al analista, y lleva implícita una pregunta, por lo tanto una prospectiva. No es proceso secundario, porque carece de algunas cualidades que solo el lenguaje puede proporcionar. Pero tampoco es proceso primario, ya que podemos pensar que antecede muy inmediatamente a los procesos de pensamiento. Se emparenta

en este sentido con el juego. F. Ulloa (1965) decía, al respecto, que el sujeto dramatiza aquello que todavía no ha podido entender. Se refería a la tendencia de los alumnos a poner en escena conceptos que no habían podido aprehender completamente. En estos casos, lo dramatizado sufre, respecto a aquello que está poniendo en escena,

las deformaciones que describiera Freud respecto de los sueños. Se deben considerar, en otros casos, que lo que se dramatiza no haya tenido nunca representación verbal, tal como ocurre en los contenidos psíquicos que quedan marcados por el establecimiento de la represión originaria. ¿Es entonces la dramática una tercera categoría psíquica, a ubicar entre los procesos primario y secundario?  Podríamos pensarla a partir de la infiltración del proceso secundario por el primario, tal como lo describiera P. Aulagnier (1975). Queda aquí abierta una cuestión clave para la comprensión de los fenómenos grupales.  Poner el acento en la dramática como mecanismo específico (sacándolo entonces de enfoques más "lenguajeros"), y en la circulación fantasmática como objeto del vínculo desde lo imaginario y como factor especial de cambio en el grupo psicoanalítico. En su obra “El Aparato psíquico grupal” R. Kaës observa que la función del grupo es el intercambio de fantasías objetos a ideales, así como la sociedad, según Lévi-Strauss, lo era de las mujeres (Pag. 284); nos hace pensar en las posibilidades de este grupo en campos que van más allá de la terapia, ya que entronca a estos grupos con los primarios que describiera C. Cooley (1904), con su efecto formador de identidad.

 

c) Los organizadores socioculturales. Hemos hablado ya de los procesos de transcripción que debe sufrir el contexto sociocultural para transformarse en contenido psíquico. Desearía extenderme sobre éste punto. Todos los que hemos trabajado con grupos sabemos que estos son una caja de resonancia particular del macrocontexto en que el grupo está inserto. Sin embargo, no debemos considerar el tratamiento manifiesto por parte del grupo de determinadas problemáticas sociales como la señal única -a veces ni siquiera la más significativa - del efecto de los organizadores socioculturales y/o económicos. Estos, que actúan desde la fundación misma del aparato psíquico, forman parte ya del universo de fantasía, a la que han dado origen, y deben ser detectados en este campo específico, o en el que marcan las vicisitudes o defectos de los procesos de pensamiento y mentalización. Solo teniendo en cuenta esta especificidad es que nos aseguraremos de no caer en extrapolaciones que, más que complementar, entorpecen la eficacia de nuestro instrumento.

 

III. Nuevas perspectivas.

 

Por supuesto, una aplicación ya explorada es la de los grupos terapéuticos. Existe bibliografía abundante sobre el particular y me remito a ella. Quisiera, en cambio, volver sobre el tema de la utilización de los grupos psicoanalíticos "más allá de la terapia". Decía al comienzo de este trabajo que la aplicación del psicoanálisis a los

grupos había surgido en el contexto de una tarea que no estaba especialmente centrada en la terapia (aunque tuviera efectos claramente terapéuticos). Los grupos operativos de Pichon - Rivière, los de formación de los autores franceses, los grupos de reflexión

psicoanalíticos que desarrollamos en la AAPPG se basan en una aplicación semejante del instrumento grupal que -a diferencia de los terapéuticos -, implementan una modalidad específica respecto del tratamiento de los fenómenos transferenciales desplegados por sus miembros. La interpretación se centra estrictamente en el aquí y

ahora, tomando las alusiones a las determinaciones históricogenéticas que traen los agrupantes como una metáfora que debe ser referida a lo actual. El objetivo de este tipo de grupos se centra en el aprendizaje (grupos operativos), o en la resolución de conflictos que surgen predominantemente de las vicisitudes del vínculo colectivo,

más que de la patología previa de sus integrantes.

 

IV. El grupo de los analistas.

 

El hecho de que nuestras instituciones y grupos profesionales estén sometidos a las mismas leyes que nuestros grupos psicoanalíticos, nos plantea una situación peculiar. La

contratransferencia, más aún que en los encuadres individuales, remueve los cimientos de nuestra pertenencia institucional, y a veces los hace entrar en crisis. No tenerla en cuenta, e incluso no poder utilizar su análisis como instrumento de comprensión del proceso, dificulta -y a veces torna imposible - el abordaje psicoanalítico grupal

en un contexto institucional. Tal vez es por esto que las técnicas grupales son tan rechazadas en algunas instituciones.

 

ARMANDO BAULEO

 

Lo individual fue la versión ordinaria en la enseñanza y difusión del psicoanálisis. Las instituciones, que se encargaron de propagarlo, circunscribieron la situación analítica al enfoque de los "adultos neuróticos". Niños, psicosis y grupos (incluyendo la familia), no

mereciendo un entendimiento analítico, resultaban fuera de la foto, hors-seance.

En el cuadro instituído no cabía una interpretación del crecimiento, del desequilibrio, de la multiplicación. Todo se concentraba en un "Uno" dibujado a partir de líneas rectas no

perturbadas por los procesos de transmisión, ni por las transformaciones históricas.

Llama poderosamente la atención apreciar que no siempre fue así y una mirada sobre el rico recorrido del pensamiento psicoanalítico demuestra lo vasto de su cuestionamiento.

Pero, todo hace suponer, que hubo esfuerzos de "borrar las pisadas", es decir cancelar los diversos caminos trazados, como diciendo, callándolos, "por aquí nadie ha pasado" y "nada ha sucedido".

Las preguntas emergen: "¿Cuándo se definió que la clínica psicoanalítica debía ser centrada en un juego sagaz entre "adultos neuróticos" y "neuróticos adultos"?

Teniendo ante sí el extenso y profundo cuadro de intervenciones desenvuelto por los pioneros analíticos, cabe el interrogante: ¿cuándo se redujo ese cuadro? ¿Cómo y por qué se lo simplificó? Lakatos podría demandarse: ¿qué ha sucedido en el

desenvolvimiento de la estructura interna de esa ciencia (si así queremos denominar al psicoanálisis) y en el contexto psico-social, en el cual se lo piensa y se la practica, para que esto acaeciera?

Desgraciadamente no es éste el momento de esa pesquisa, en la cual nos vendrían bien no sólo Freud, sino también Sherlok Holmes y Pierce, para orientar la búsqueda en torno a aquella sustracción al panorama psicoanalítico, ya que nuestra labor es ahora de hablar de grupos; pero sentí necesario hacer una mención al "más allá" del título, y no dejarlo abandonado a un registro teologal.

Ubiquemos nuestra problemática a desarrollar, o sea, nuestra posición sobre la clínica grupal y el funcionamiento de los grupos.

Uno de los ejes centrales que nos posibilita el tránsito de la "experiencia" a la "noción" de grupo, se construye entendiendo la situación grupal como un interjuego entre tres funciones y un  proceso. Es decir, la función "tarea" (nuestro enemigo -la neurosis -

en términos bionianos); la función "estructura grupal"; y la función "terapéutica".

Lo que se desenvuelve entre ellas es una dinámica que solamente una idea de proceso (hasta es posible agregar: dialéctico) hace comprensible.

He comenzado con la función "tarea", siguiendo cierta tradición en nuestro medio, para señalar que esa idea-clave permite penetrar en cualquier cuestión relacionada con los grupos, ya que es "alrededor" y en "función" de la tarea que las agrupaciones

comienzan sus reuniones, siendo ella la que denomina dicha agrupación (grupo terapéutico, grupo de formación).

Es una finalidad que marca finalización, imposible un análisis de los grupos sin conocer el qué los convocó. A partir de la tarea se inicia el proceso fantasmático y el proceso de interpretación. Jamás se podría iniciar el estudio de una conflictiva en un grupo sin antes interrogar el para qué de su existencia.

Entonces la "tarea" se relaciona con el encuadre y con la interpretación.

La otra función es la "organización-estructura de grupo". Podemos hipotetizar que en un primer momento nos encontramos frente a una agrupación, o serie, que intenta configurar un grupo, es decir establecer una red de relaciones interpersonales, de interacciones comunicativas, de lazos afectivos, de fantasías compartidas; red a la cual reconocen progresivamente, pertenecer.  Acto fantasmal en el cual la multiplicidad despliega sus encantos.

Reconocimientos, identificaciones recíprocas, transferencias centrales y laterales, mirada de los otros que nos reflejan (total o parcialmente), resignificación de las viejas ideas, fantasías que nos invaden a que nos abandonan, exacerbaciones o inhibiciones

pulsionales, sensación de lo inesperado rompiendo nuestros intentos de auto y hetero control.

Si una óptica kleiniana estipuló la presencia de dos tipos de ansiedades, la depresiva y la paranoide; también, otros autores, han (y hemos) comprobado el surgimiento de la ansiedad confusional, tiñendo gran parte de las circunstancias grupales.

Ingresaríamos en el área de las preguntas incontestables: "Pero, por favor, de qué estamos hablando?" o "Creo que conversábamos de otras cosa, ¿no?". Aclaremos: "Quién con quién?" o %Qué de quienes?". Por otro lado, si la noción pichoneana de "emergente" nos es útil en el trabajo con los grupos es por que ella condensa y resume

en si la relación existente entre grupos externo y grupo interno. Es decir, "la adjudicación y la asunción de roles" es uno de los mecanismos princeps del funcionamiento grupal. Como dirían ciertos autores es lo que permite entender la permeabilidad entre lo intersubjetivo y lo intrasubjetivo, o dicho de otra manera entre lo

interpersonal y lo intrapsíquico.

Liendo comenta que el freudismo señala una especie de isomorfismo entre una semántica intrapsíquica y una pragmática interpersonal. Nosotros, como Bion, Rowchy, Puget, Pavlovsky y el mismo Liendo, pensamos un probable correlato que establezca que a posibles cambios en el área interpersonal podemos suponer modificaciones en el espacio intrapsíquico; a la inversa, conflictos en éste espacio se traslucirán en las relaciones interpersonales.

Entremos ahora en la tercera función "la terapéutica". Crudamente sería aquel contratado, por un conjunto de personas, para observar y señalar lo que va sucediendo cuando se opera sobre una pre-establecida temática. Por lo tanto sería transitorio,

"funcional" a ese conjunto de personas, en una asimetría contractual para elaborar determinada finalidad. Su labor, dentro del contrato sería indicar los obstáculos y los bloqueos que se manifiestan en el vínculo entre el grupo y la tarea.

Verdaderamente es un placer describir una función con esta estupenda nitidez, pero desdichadamente nuestra labor jamás tiene semejante claridad, ya que tanto a nosotros como a ellos (los participantes del grupo) se nos oponen e imponen la transferencia, la

contratransferencia y la resistencia al cambio.

La dificultad a organizar un argumento inclusivo por parte de los presentes en un grupo se corresponde, por momentos, a nuestra imposibilidad de interpretar la fuente común de angustia, que los paraliza.

En otra ocasión comenté que "nuestra historia gupal", la parte central de la contratransferencia del terapeuta, lo dificultoso se halla en el hacer flexible su instrumentación para el entendimiento de la interpretación de aquello que va sucediendo en el grupo.

Resumiendo, creo que sólo a través de este triángulo de funciones la dinámica grupal puede ser un poco más inteligible.

Los procesos grupales, esos famosos "espirales dialécticos", que se desenvuelven alrededor de trabajos o terapéuticas específicas, siempre incluyen ese triángulo de funciones. Los procesos grupales -aunque se inician - no poseen un elemento primero, uno segundo, un sentido de una serialidad numérica, sino que hay siempre un

vaivén, una vacilación esencial, en el movimiento procesual.

Podemos hablar de un ritmo de las figuras que los vínculos organizan, un pasado-presente-futuro en los cuales esos tiempos tienen una referencia con la lógica del trabajo, que se realiza, se articulan así recuerdos y proyectos, se hacen presentes fantasías.

En su última obra Lefebvre indicaba la necesidad de un Rythmeanalyse de la vida cotidiana. La traducción sería un desmenuzamiento que nos posibilite, a través de diversas perspectivas, ubicar los fantasmas que, instalados en espacios verticales, horizontales, transversales, externos, internos, anteriores, posteriores, superiores

a inferiores, nos empujan (dándonos esperanzas) o nos impiden (provocándonos terrores o persecuciones) nuestras probables creaciones cuando tratamos (tratándonos) una labor en común.

La cooperación (y esto en cualquier versión psicoanalítica de grupo), indicador del acmé de la circunstancia grupal señala, a la vez, el poco tiempo que resta para la terminación de un proceso grupal.

 

*La publicación completa de este documento se encuentra en: http://www.educ.ar

 

** Bernard, Marcos; Pavlovsky, Eduardo; Bauleo, Armando - Grupos: El Psicoanálisis Más Allá de lo Individual. Zona Erógena. Nº 21. 1994.

 

  E-mail: info@enigmapsi.com.ar

 

EnigmaPsi (c) 2002-2014
Psicología – Psicoanálisis – Consultoría

Editor Responsable: Lic Sonia Cesio
Directora: Lic Sonia Cesio
Dirección: Avenida Santa Fe 4990- Buenos Aires, República Argentina.
TE (0054)11 4773-9597 /(0054) 11 - 15 62987672
E-mail: info@enigmapsi.com
Los artículos publicados en el sitio no pueden ser reproducidos sin el permiso del Editor Responsable.

ISSN 1853-1849